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El poder de la ficción

'Ficcionario', de Ricardo Silva, presenta una oportunidad de entender el mundo de la ficción literaria y cinematográfica como algo que va mucho más allá del ocio o del supuesto escapismo de la realidad.

2018/02/20

Por Camilo Hoyos

Sin lugar a dudas, Ricardo Silva es una de las voces más destacadas en la actualidad nacional. Historia oficial del amor fue su décima novela, cuenta con dos colecciones de relatos, dos poemarios y un libro para niños. Es además columnista, de tal manera que sus lectores se han acostumbrado a entender ciertas cosas de nuestra realidad colombiana, ya sea a través del lenguaje novelesco o del estilo directo, crítico y sarcástico con el cual se refiere a la actualidad nacional en su columna semanal del diario El Tiempo. Y es, además, columnista del diario español El País.

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Así que encontrar un libro como Ficcionario, en el que Silva indaga en las complejidades y posibilidades narrativas de la ficción del cine y la novela, cuando sabemos de antemano que es un lector crítico de nuestra realidad colombiana, se nos presenta una oportunidad de entender el mundo de la ficción literaria y cinematográfica como algo que va mucho más allá del ocio o del supuesto escapismo de la realidad.

En treinta y cinco sentencias, Silva describe la naturaleza de la ficción, y a partir de ejemplos de la literatura y del cine comparte lo que en últimas han sido sus propias experiencias como lector que se ha convertido en escritor. Son los novelistas quienes mejor responden a la pregunta de cómo la ficción, a pesar de su carácter evidentemente mentiroso, termina convirtiéndose en un modelo a partir del cual nos comprendemos a nosotros mismos y le damos sentido a nuestras vidas. “Puede ser que las cosas pasen porque sí”, comienza en su libro diciendo Silva, “pero yo me he jugado la vida por el drama”.

El libro de Silva bien puede ser el itinerario de una lección de literatura sobre el arte de la ficción: en sus observaciones y lecturas de cientos de ejemplos nos acerca a métodos de comprensión a la vez que sitúa una gran mayoría de obras de Hollywood en nuestros propios imaginarios: no escatima en ejemplos tanto de la denominada “cultura de masas” como de la cultura elitista, en la medida en las dos terminan dándole orden a nuestra vida. Pero además de funcionar como manual de lectura artística, el libro cumple con una función adicional: ayudarnos a comprender lo que la ficción puede hacer en nuestras vidas y en nuestra manera de comprender nuestra realidad. Cada vez son más las voces que reclaman distintas formas de comprender la ficción, para sacarla de su supuesta categoría de mera imaginación y divertimento. Silva logra dar fe del modo en que las obras de arte ayudan a comprender la naturaleza humana, que no es más que comprendernos a nosotros mismos y poder comunicarnos con los demás, y comprender aquello que David Grossman llama “la materia incandescente y primitiva que burbujea en el interior de cada ser humano por el hecho de serlo, de ser el cruce de tantas fuerzas, pasiones, anhelos e impulsos”. Ayuda también a leer la realidad: reconocer que cuando un político dice que la masacre de las bananeras no existió, o que como forma de campaña dos candidatas les piden a los niños y niñas que tengan relaciones sexuales, se trata de un narrador no fiable que quiere engañarnos. En la vida como en la literatura.

No es gratuito que en menos de dos semanas haya aparecido Ficcionario de Ricardo Silva y Viajes con un mapa en blanco de Juan Gabriel Vásquez, dos libros que reflexionan en torno a las posibilidades de la ficción en la vida cotidiana que todos compartimos. Parecería ser que sin proponérselo, los dos novelistas estuvieran haciendo un llamado desde el ensayo a recordar lo que la ficción puede hacer para contrarrestar los efectos de las falsas noticias y de las difamaciones sin vergüenza que ocurrirán en la campaña presidencial. Están allí para recordarnos que la naturaleza de la ficción es darle sentido a la realidad, y así comprender la singularidad, a veces única, de aquel al que puedo sentirme tan distante.

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