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Puras emociones

2010/06/29

Por Manuel Kalmanovitz

Cómo ha sufrido el pobre Mickey Rourke. Todo para poder, en una nueva oportunidad en el trampolín de la fama (que da quién sabe a qué piscina, llena con quién sabe qué agua) dejarnos esto que es El Luchador. Es bien manipuladora esta película –pero era de esperarse viniendo de Darren Aronofsky—. En las películas de Aronofsky uno se siente lidiando con algún maniático callejero que lo zarandea a uno de las solapas de la chaqueta mientras le grita cosas enredadas y le salpica la cara con babitas de emoción. Obviamente es un tipo apasionado que quiere que uno comparta su pasión y su punto de vista. Su punto de vista no es muy profundo, aunque sí tiene el poder de su pasión. Por eso temblequeaba tanto la cámara en Pi, El orden del caos. Por eso tanto primer plano de la cara de Mickey Rourke inexpresiva, semidestruida, en El Luchador: quiere despertar emociones.

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