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ARCADIA revela detalles de cómo será y funcionará la nueva Cinemateca de Bogotá

Las cinematecas juegan un rol crucial para consolidar el cine local y nacional de sus respectivos países. Por eso, la inauguración del Centro Cultural de las Artes Audiovisuales en la capital trae una noticia positiva para toda Colombia. ARCADIA revela detalles de cómo será y cómo funcionará.

La firma caleña Colectivo 720 diseñó la nueva Cinemateca de Bogotá. Tiene 8.500 metros cuadrados y contará con tres salas de cine, entre otros muchos espacios. La firma caleña Colectivo 720 diseñó la nueva Cinemateca de Bogotá. Tiene 8.500 metros cuadrados y contará con tres salas de cine, entre otros muchos espacios. Foto: GUILLERMO TORRES REINA

Este artículo forma parte de la edición 161 de ARCADIA. Haga clic aquí para leer todo el contenido de la revista.

Diez salas, un foro al aire libre, una bóveda de 700 metros cuadrados con capacidad para guardar 50.000 películas, un laboratorio de restauración digital, una videoteca, un museo y un centro de documentación forman parte del edificio de la Cineteca Nacional, reinaugurada en 2012 y ubicada en la colonia Xoco de Ciudad de México. El estilo del arquitecto Frank Gehry le ofrece su sello característico a la nueva Cinemateca Francesa, la más famosa del mundo, que comprende tres espacios expositivos, tres salas de proyección, así como una biblioteca y un archivo para investigadores y estudiantes. La Cinemateca Brasileña, ubicada en Vila Clementino (São Paulo), se levanta en el antiguo matadero municipal de la ciudad, compartiendo espacio con un amplio complejo cultural; allí se emplazan las salas de cine, la biblioteca y un jardín abierto al público. También en el antiguo matadero municipal se dispuso la nueva Cineteca de Madrid, que desde 2011 hace parte de un centro de creación contemporánea interdisciplinar.

Son ejemplos de cinematecas emblemáticas, nuevas o renovadas, que animan la creación audiovisual en sus países y ciudades; sin la Cinemateca Francesa no hubiese existido la Nouvelle Vague, el movimiento que renovó las bases del cine francés desde finales de la década de 1950. La Cinémathèque formó una masa de espectadores y críticos que explotó en el cine de Godard y Truffaut. Sin la Cinemateca Uruguaya, para traer un caso más cercano, no existiría el cine de Federico Veiroj (que en La vida útil le hace un hermoso homenaje a esa institución) y de otros directores de ese pequeño país.


A la izquierda, la Cinemateca Nacional en Ciudad de México. A la derecha, la Cinemateca Francesa en París

Con la apertura de la Nueva Cinemateca de Bogotá, o Centro Cultural de las Artes Audiovisuales, la capital colombiana tiene la oportunidad de convertir el edificio, que se inaugurará en junio de este año, en un motor con más potencia para el cine bogotano y nacional.

Juliana Restrepo, directora de Idartes, resalta la cualidad única de la obra en el contexto nacional. “No hay nada parecido en Colombia”, dice, al tiempo que invita a imaginar la integración de la nueva Cinemateca con obras cercanas, en ubicación, como la Galería Santa Fe que se abrirá en la plaza de mercado La Concordia, o con programas como el Bronx Distrito Creativo. En diez años el centro de Bogotá será radicalmente distinto gracias a estas iniciativas, asegura Restrepo.

La nueva Cinemateca es el esfuerzo conjunto de las dos últimas administraciones de la ciudad. Aunque ha dependido del gobierno local, en sus 48 años de existencia la Cinemateca muestra una admirable línea de continuidad en sus propósitos y políticas, más allá de los vaivenes electorales. Es la institución más antigua –junto con Cine Colombia, que se creó mucho antes, en 1928– y una de las más repetadas del cine nacional.

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Un poco de historia

La Cinemateca Distrital abrió sus puertas en 1971, en la sala Oriol Rangel del Planetario. Dos años después de su fundación, organizó una gran retrospectiva de cine colombiano con la producción disponible desde 1950 hasta 1973. Gracias a esta muestra, se empezó a escribir la historia del cine colombiano: el primer texto de ambición historiográfica sobre nuestro cine fue “Secuencia crítica del cine colombiano”, escrito por Carlos Mayolo y Ramiro Arbeláez para el número uno de la revista caleña Ojo al cine, dirigida por Andrés Caicedo.

La Cinemateca Distrital ha sostendido una línea de publicaciones que incluye libros (la mayoría resultados de las becas de investigación que entrega), catálogos, revistas y colecciones audiovisuales. Sus Cuadernos de cine colombiano son una fuente fundamental para los investigadores interesados en nuestras imágenes en movimiento.

La Cinemateca, además, ha coordinado y ha sido sede de infinidad de muestras y festivales. La muestra de cine LGBTI, Ciclo Rosa, es el festival propio de la Cinemateca con mayor reconocimiento; su existencia ha sido decisiva para la consolidación de las políticas públicas locales en torno a la población con otras sexualidades. Desde 2012, también organiza la Cicla (Cita con el Cine Latinoamericano), en cooperación con las embajadas de los países de la región.

Desde 1994, antes de la existencia del ministerio de Cultura y de Proimágenes Colombia, la Cinemateca Distrital entrega estímulos económicos a la producción. Títulos como La cerca de Rubén Mendoza y Alguien mató algo de Jorge Navas, hitos del cortometraje en Colombia, tienen el sello de estas convocatorias. El papel medular de la Cinemateca Distrital para el cine colombiano se explica, en parte, por la inexistencia de otras entidades sólidas y sostenidas en el tiempo. Hoy, cuando esa institucionalidad existe, la Cinemateca trabaja en redes de cooperación con otras entidades y con ese sector cinematográfico que en mayo de 2016 cerró filas a favor de la ampliación de su sede, en un gesto de reconocimiento, esperanza y gratitud.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

En mayo de 2016, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá anunció en un comunicado público: “Queremos darles la buena noticia a Bogotá, a los amantes del séptimo arte y a las nuevas generaciones de directores, productores, realizadores y cineastas, que iniciaremos el proyecto de la nueva Cinemateca”. Al anuncio lo precedieron unas semanas agitadas en las que circularon rumores de que los avances del proyecto, logrados por la administración de Gustavo Petro, serían desestimados por el gobierno de Enrique Peñalosa. Pero gracias a una rápida y efectiva movilización del sector cinematográfico local y nacional, la nueva Cinemateca logró ser rescatada de una muerte prematura.

“La Cinemateca se salvó porque era necesaria históricamente”, afirma con convicción Julián David Correa, quien fuera director de la Cinemateca Distrital durante la alcaldía de Petro. Correa y el entonces director de Idartes, Santiago Trujillo, se echaron sobre los hombros la iniciativa y convencieron al alcalde de aprovechar el lote –en la rotonda de la carrera tercera, entre calles diecinueve y veinte– donde los españoles tenían planeado construir un gran centro cultural, del que finalmente desistieron.

La administración Petro, como lo corrobora Trujillo, ideó el proyecto y elaboró los primeros diseños a través de un concurso con jurados nacionales e internacionales. Además, armó y adjudicó la licitación para su construcción. Luego de las dudas sobre la continuidad del proyecto, la administración Peñalosa empezó la construcción en agosto de 2016. En total, del presupuesto de los dos últimos gobiernos de Bogotá se han invertido 54.000 millones de pesos en las distintas fases de la obra, de los cuales 33.000 millones fueron de la Bogotá Humana de Petro y los restantes, de la Bogotá Mejor para Todos de Peñalosa –estos últimos fueron para la conclusión y ajustes de la obra y para su dotación–.

Según Correa, actual director de Cinematografía del ministerio de Cultura, el edificio se pensó como una manifestación física de las estrategias que orientan el trabajo de la Cinemateca Distrital. “Era importante romper el paradigma de la Cinemateca como una sala de cine alternativo”, dice. La idea fue crear un espacio que, como toda cinemateca, preserve el patrimonio audiovisual, es decir que mire hacia el pasado y que, al mismo tiempo, construya nuevos patrimonios, que se proyecte hacia el futuro.

Para saber cómo funcionan estas estrategias es necesario tener la claridad de que “la Cinemateca no es solo una sala de cine”, como lo decía una y otra vez Correa durante el tiempo de su gestión. El director de la Cinemateca es también el gerente de Artes Audiovisuales de Idartes y tiene a su cargo la política pública cinematográfica de la ciudad. Esta Gerencia diseña y entrega estímulos a la producción, la investigación y la formación; mantiene una línea de publicaciones sobre cine y audiovisual; y programa una red local de salas culturales que proyectan cine. Tiene a su cargo también la Comisión Fílmica, creada para fortalecer las industrias audiovisuales (televisión, publicidad, cine) de Bogotá y promocionar a la ciudad como lugar de rodaje para producciones nacionales e internacionales.

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Estas misiones institucionales ayudaron a darle norte y propósito a la nueva sede de la Cinemateca para aumentar su alcance y cubrimiento. Según Paula Villegas, actual gerente de Artes Audiovisuales, todas las estrategias se están reconfigurando en cuatro líneas, que recogen lo que ya existía y lo adaptan a los nuevos tiempos. 1) Formas de ver: la programación de las cuatro nuevas salas de cine (una de ellas adaptable a otro tipo de expresiones audiovisuales) y de los espacios para exposiciones de la nueva Cinemateca; 2) archivo vivo y memoria: un lugar para que el archivo se conecte con la creación y la investigación; 3) creación y experimentación: los procesos creativos estimulados desde la Gerencia y que con la nueva Cinemateca tendrán un enfoque especial en creación para nuevas tecnologías sin abandonar lo cinematográfico; 4) formación de públicos: una oferta de cursos y actividades educativas.

El nuevo edificio contará con la Biblioteca Especializada en Cine y Medios Audiovisuales (Becma), un sitio de consulta de 300 metros cuadrados para los investigadores, que ofrecerá un mejor acceso al patrimonio que conserva la Cinemateca, que no es solo audiovisual, sino también iconográfico. Asimismo, una sala de exposiciones que establecerá diálogos del cine con otras expresiones artísticas. De las tres bóvedas que fueron construidas, una albergará el material fílmico, que es el de más difícil conservación por sus características químicas. La segunda recogerá otros formatos audiovisuales, análogos y digitales. Y la tercera formará parte de lo que ha sido concebido como un ecosistema de creación digital, un puente entre los viejos y los nuevos patrimonios. Ahora será posible que los artistas audiovisuales creen, in situ, obras a partir de materiales recuperados, y la memoria del pasado volverá como algo que incide en el presente y lo transforma.

Como lo corrobora el nombre que tendrá este nuevo centro cultural, su destino es el paso de lo cinematográfico a lo audiovisual. La nueva Cinemateca fomentará la creación y difusión de formatos móviles, televisión, series web, realidad virtual y contenidos inmersivos. Esto se concreta en dos espacios para la creación de proyectos inmersivos, un taller de sonido, un taller de la imagen, puntos de edición de video y un lugar para animación en stop motion. Aquí habrá, entonces, vínculos entre lo análogo y lo digital. En el actual portafolio de estímulos de la Gerencia Audiovisual ya se ven reflejados estos derroteros con convocatorias para guion de serie web, becas de creación con material de archivo y becas de laboratorios de creación que utilizarán los nuevos espacios.

Una Cinemateca para el país

Buena parte de los procesos del cine colombiano pasan por Bogotá, en donde se concentran los recursos, las instituciones y las empresas más grandes de la industria audiovisual colombiana. “Especialmente en circulación, la Cinemateca tiene una función que supera a la ciudad. Somos la Cinemateca del país”, dice su directora Paula Villegas, convencida de que la nueva sede debe seguir programando con criterios de interés público, con una atención especial al cine colombiano y a través de la generación de más muestras que circulen por el país. Villegas asegura que “uno de los propósitos de la Nueva Cinemateca seguirá siendo el de darles visibilidad a directores emergentes y contribuir a conectar el cine colombiano con el cine latinoamericano”.

En Circula, un evento del último Festival de Cine de Cartagena (FICCI) dedicado a la circulación alternativa, quedó expuesto ese mandato de encontrar nuevos públicos y otros espacios para que el cine colombiano sea programado sin las ansiedades de la cartelera comercial. La inauguración de la nueva Cinemateca coincide con proyectos como Doc.co, una agencia enfocada en la promoción y distribución de cine colombiano, y con un interés renovado desde el ministerio de Cultura por promover salidas creativas a la concentración en la exhibición de películas. Parece un ambiente propicio para empezar a descentralizar la oferta de cine, sacándola de las grandes ciudades. Así, la imagen de la contracción y la expansión que usa Paula Villegas cuando habla de la Cinemateca tendría todo el sentido. El nuevo edificio contraerá la atención de los públicos para que el resultado sea su expansión: más y mejor preparados espectadores, en muchos más lugares.

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Esta expansión requiere de inversión e infraestructura. Después de confirmada la ampliación de la Cinemateca Distrital, Medellín empezó a pensar y diseñar lo que hoy es su actual Cinemateca Municipal, que es un programa de acciones de circulación y estímulos a la creación y la formación, más que una sede. Y otras salas del país, como la del Museo La Tertulia en Cali, se han remozado con personal nuevo que entiende los desafíos del presente sin desconocer el pasado. Las salas de cine del Centro Colombo Americano y del Museo de Arte Moderno de Medellín son opciones concretas para mostrar un cine distinto al que copa la desconsoladora oferta comercial. Y el FICCI –en la misma línea de otros festivales de cine en ciudades y pueblos de todo el país– anuncia que consolidará su compromiso con la exhibición y creación local, más allá del tiempo puntual del evento.

En estos tiempos de crisis y de culturas color naranja, marcadas por un pensamiento que todo lo concibe en términos de emprendimiento económico, hay atisbos de esperanza.

*Crítico de cine, periodista, profesor. Columnista de ARCADIA

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