A la izquierda, Luis Caballero y Marvel Moreno, padrinos de matrimonio de Plinio Apuleyo Mendoza y la pintora Patricia Tavera (a la derecha), que se casaron en París. Moreno fue la primera esposa de Mendoza.

El caso de Marvel Moreno

Una mezcla de malentendidos familiares, líos editoriales, rumores y versiones encontradas de unos mismos hechos rodean la obra de la escritora barranquillera Marvel Moreno, quien no ha tenido el reconocimiento que se merece. Esta es la historia de cómo, una vez más, un legado literario se ha visto perjudicado por cuenta de factores que nada tienen que ver con la obra misma.

2018/05/21

Por Santiago Parga Linares* Bogotá

Las razones del olvido siempre son complicadas, pero en esta historia tienen que ver con líos editoriales, dramas familiares, chismes y quizás la ceguera de un país que preferiría no verse reflejado, con toda su hipocresía, en las páginas de una escritora que no le ve nada de pintoresco ni de mágico a la sociedad colombiana. A eso hay que agregar una serie de personajes: Plinio Apuleyo Mendoza, el esposo colombiano; Jacques Fourrier, el segundo esposo, de nacionalidad francesa; Carla y Camila, las dos hijas criadas en Europa; y los académicos Jacques Gilard y Fabio Rodríguez Amaya. En la mitad de todo este embrollo está una escritora genial. Y como suele suceder cuando hay líos con los legados de grandes escritores, quienes salimos perdiendo somos los lectores.

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El nombre de Marvel Moreno debería ser sinónimo de lo mejor de la literatura colombiana. Sin embargo, su obra languidece en el olvido literario ante un público general fuera de ciertos círculos académicos. Solo dos libros publicados demuestran la genialidad de esta barranquillera que murió joven y enferma en París sin conocer una edición adecuada de su obra, pues mientras vivía algunos de sus cuentos fueron censurados y, después de su muerte, la primera novela salió mal editada y una segunda sigue sin ser publicada. Con una nueva edición de los cuentos completos a punto de salir, es hora de que el país lea y aprecie la obra de Moreno, atravesada por varias injusticias editoriales y dramas personales que, a la larga, son incómodos para todos.

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Marvel Moreno nació en Barranquilla en 1939, en el exclusivo barrio El Prado. Como la mayoría de las hijas de la burguesía barranquillera del momento, recibió una educación religiosa en colegios privados. Fue presentada en sociedad en 1956, y en 1959, a sus 20 años, fue elegida reina del Carnaval de Barranquilla, todo un honor para cualquier jovencita de la época. Pero Moreno ya entonces tenía otras cosas en mente. “En una comida me dijo un secreto”, cuenta Plinio Apuleyo Mendoza, diplomático, periodista y primer esposo de ella, a quien conoció por aquellas épocas. “Todavía era reina del Carnaval cuando me dijo: ‘A mí eso no me interesa para nada. Yo lo que quiero es escribir’”.

La obra de Marvel Moreno consta de dos volúmenes de cuentos, Algo tan feo en la vida de una señora bien (1985) y El encuentro y otros relatos (1992), y una novela, En diciembre llegaban las brisas (1987), su obra maestra. Basándose en la vida de sus propias amigas, Moreno describe de manera descarnada y magistral la alta sociedad barranquillera de los años cuarenta y cincuenta. La novela fue traducida al francés y al italiano, y en 1989 ganó en Italia el Premio Grinzane-Cavour a Mejor libro extranjero.

Marvel Moreno vivió y escribió durante el boom latinoamericano, pero no hizo parte del movimiento y nunca gozó del éxito del que gozaron los más famosos exponentes de ese fenómeno literario. Su obra se caracteriza por un realismo obsesionado con la experiencia personal de las injusticias sociales y, en términos formales, retoma el estilo suntuoso y difícil de autores enormes de la literatura universal que posiblemente fueron referentes de Moreno: Virginia Woolf, William Faulkner, Marcel Proust. En En diciembre llegaban las brisas hay algo de melodramático que no es ridículo: es una novela erudita sin ser pedante, y socialmente comprometida sin caer en el aleccionamiento o el manifiesto. Y todo está contenido en una estructura aparentemente simple (tres partes, tres protagonistas), pero sofisticada en su construcción.

La Barranquilla de Moreno no es pintoresca ni evocadora, es como ella la recordaba: caliente y opresiva. Ni en los cuentos ni en la novela están los impulsos “autoexotizantes” del realismo mágico; Moreno prefirió más bien levantar un espejo de la sociedad colombiana para mostrar su hipocresía, la represión sexual y la violencia contra las mujeres –cosas que ingenuamente creemos superadas–.

El tiempo de las amazonas, la segunda novela de Moreno –aquella que escribía cuando murió en 1995–, sigue sin ser publicada. Fabio Rodríguez Amaya, académico, pintor, amigo de Moreno y uno de sus albaceas, afirma que “Marvel es la mejor escritora colombiana de todos los tiempos. Y no solo entre las mujeres: no dudo en colocar su obra, como es ya vox populi, entre las mejores de lo que se llamó ‘la nueva literatura latinoamericana’”.

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Pero si es tan genial y tan importante, ¿por qué no es tan conocida? ¿Por qué no es lectura obligada en colegios y universidades, y parte esencial del imaginario literario de los colombianos? ¿Por qué nos dice tan poco o nada su nombre?

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El matrimonio con Plinio Apuleyo Mendoza le sirvió a Marvel Moreno para huir de la sociedad barranquillera y dar sus primeros pasos como escritora. El mismo Mendoza cuenta que, en una de sus visitas a Francia, ella le dijo al bajarse del avión: “En Barranquilla ni tú escribes ni yo escribo, eso es evidente. Yo no volveré jamás a Barranquilla. Yo me quedo acá”. Así nada más. Nunca regresaría a Colombia, pero sí pasaría el resto de su vida escribiendo, primero en Deyá y luego en París.

Durante los años setenta, Moreno se codeaba con las figuras más importantes del boom y la movida cultural parisina, pero prefería la soledad para escribir a lápiz, en cuadernos de colegio, sin salir de la cama.

En 1977 terminó su primer libro de cuentos, cuya publicación fue en 1980, por la pequeña editorial Pluma. Este sería el inicio de una serie de atropellos. Según Rodríguez Amaya y Jacques Gilard, académico francés y primer defensor de la obra, dos de los cuentos de esa colección, “El muñeco” y “Autocrítica”, fueron arbitrariamente censurados por el editor.  “Autocrítica”, por ejemplo, fue eliminado del libro porque, según Rodríguez Amaya, al editor de Pluma no le gustó la manera en la que el cuento criticaba la Revolución Cubana.

A finales de los años setenta, asediada por el lupus, Moreno se dedicó a escribir frenéticamente su primera novela, En diciembre llegaban las brisas. El plan era terminarla y suicidarse. No se quitó la vida, aunque lo intentó varias veces.

La novela por fin fue publicada en 1987, en una edición de Plaza & Jane´s y tras un confuso incidente: dos años antes había sido escogida por el jurado como merecedora del primer puesto en el Premio Literario Internacional de la misma editorial, pero la decisión habría cambiado sin una razón de peso a último momento: “Cuando el jurado estaba deliberando sobre el ganador, y prácticamente le había concedido el premio a Marvel Moreno, irrumpió en la reunión el director editorial y dijo ‘Otro latinoamericano, ¡ni de riesgos!’. Entonces le dieron el premio a un escritor español que había escrito un libro que tenía como tema la guerrilla latinoamericana. A mí me llegó la noticia de rebote, a través de Gilard, y luego me la confirmó Marvel Moreno”, dice Rodríguez Amaya.

Tras su publicación, la novela fue traducida al francés y al italiano, y tuvo gran (mejor) acogida en esos países, en parte porque, según Rodríguez Amaya, allí supieron respetar los deseos de la autora: “Ni la edición de Plaza & Jane´s de 1987, ni la de Norma de 2005, ni la de Alfaguara de 2014 respetan los originales. Marvel reconoció como primera edición fidedigna de la novela solo la de Giunti [una editorial italiana]”.

Marvel Moreno murió en 1995 por un enfisema pulmonar causado por el lupus, contra el que luchó por más de 20 años. Antes de su muerte trabajaba en el manuscrito de su segunda novela, El tiempo de las amazonas, inédita hasta hoy.

Archivo Jet-Set

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Aquí empieza el verdadero drama. Tras la muerte de la escritora, los derechos legales de su obra recayeron temporalmente, por la ley francesa, sobre Jacques Fourrier, su segundo esposo, y luego quedaron en manos de Carla y Camila, las dos hijas que Moreno tuvo con Plinio Apuleyo Mendoza. Pero una cosa es la sangre, y otra, el parentesco literario. Por eso, quienes transcribieron con la autora las diferentes versiones de sus manuscritos antes de cada publicación llevan años peleando por el legado literario de Moreno.

De un lado están Fabio Rodríguez Amaya, profesor en la Università degli Studi di Bergamo, y Jacques Gilard, quien murió en 2008. Gilard acompañó a Moreno a lo largo de su vida literaria, tradujo su primera novela al francés y escribió a menudo sobre ella y los miembros del Grupo de Barranquilla. Tanto Rodríguez Amaya como Gilard trabajaron junto con Moreno, pero ninguno tuvo derechos legales para influir en la publicación póstuma de su segunda novela, pues el trato con ella había sido informal y puramente verbal.

A ellos se suma Fourrier, el segundo esposo de la autora, también interesado en difundir y preservar la obra.

Del otro lado está Plinio Apuleyo Mendoza, a quien Fourrier y Rodríguez Amaya acusan de “entorpecer deliberadamente” el legado literario de la escritora barranquillera. Y entre un bando y otro florecen insinuaciones y acusaciones difíciles –por no decir imposibles– de probar.

Parece haber, además, un tercer grupo, aquel que conforman Carla y Camila, las hijas de Moreno y únicas poseedoras de los derechos legales sobre la obra. Ambas crecieron en Europa, alejadas de la vida cultural colombiana, y no están interesadas en involucrarse en novelones o lanzar acusaciones. Carla Mendoza dice que “Contar esta historia un poco misteriosa y tétrica, de censuras y novelas secretas, no le hace un servicio a la obra. Lo que es importante es la obra misma y permitir que la gente la descubra y la pueda comenzar a apreciar”.

En eso, en la importancia del trabajo literario de Marvel Moreno, están de acuerdo todas las partes. Sin embargo, no existe un consenso entre ellas sobre las razones por las que los libros han sido modificados y por las que la segunda novela permanece inédita.

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La primera novela, En diciembre llegaban las brisas, salió mal editada en 1987, pues no respetó los manuscritos que la autora había revisado y aprobado con Gilard. Pero fue la edición de Norma, en 2005, la que cometió –según todas las partes– el peor atropello. En esa edición no aparece el epílogo, comúnmente llamado el “epílogo de Lina”: la única parte de la novela escrita en primera persona, considerada por algunos críticos un elemento esencial del texto y algunas de las páginas mejor logradas de Moreno. En esa edición, el epílogo sencillamente no está. Y para colmo de males, la contraportada dice: “En esta novela, Marvel Moreno nos presenta una galería de personajes femeninos a partir de los recuerdos de Lina, que regresa a Barranquilla muchos años después de haber emigrado a París”, algo que no ocurre en el texto ni en la vida real. Ni Moreno ni su protagonista regresaron jamás a Barranquilla.

Según Plinio Apuleyo Mendoza, Gilard y Rodríguez Amaya –celosos de que fuese él quien sugiriera la necesidad de que la novela cerrara con una sección en la que la narradora hablara– suprimieron el epílogo. “Yo hice un borrador del epílogo, ella tomó ese borrador y lo escribió. Lo puso en su estilo. Yo le dije que era necesario el epílogo –dice Mendoza–. Estos [Gilard y Rodríguez Amaya] estaban un poco celosos de que yo me hubiese metido, porque ya tenían el texto. Creo que Gilard y Rodríguez lo suprimieron. Es posible que lo hayan suprimido”.

Sin embargo, Fourrier dice que Mendoza fue el responsable, “¡mutilando gravemente la obra!”. Carla Mendoza, la hija mayor, expresa que ellas no estaban contentas con el trabajo de Norma, pero que los problemas con la publicación de la novela fueron puramente accidentales, no un producto de nefastas conspiraciones en contra de su madre.

En ese entonces, las editoras María del Rosario Aguilar y Ana Roda trabajaban en Norma, y con ellas Rodríguez Amaya y las hijas de Moreno se entendieron para los asuntos logísticos de la publicación. Pero, según Aguilar, ella fue transferida al área de ensayo de la editorial y Carlos Castillo quedó encargado de la edición final de la novela. Castillo prefirió no ser entrevistado para este artículo, y Ana Roda dice que ella no estuvo muy involucrada en el asunto y no conoce los detalles de lo sucedido.

La novela, entonces, salió mutilada y con un sumario falso en la contraportada. Ese mismo año, Gilard publicó una reseña furibunda, en la revista francesa Caravelle, en la que describe el asunto como una “falsificación deliberada” y una “estrategia tenebrosa, testigo del intento de asesinar a Marvel Moreno diez años después de su desaparición física”. Mendoza y sus hijas impugnaron la edición y esta terminó siendo recogida. El trato de los tres libros con Norma llegó hasta ahí, según algunos, por cuenta de esta debacle; para Plinio Apuleyo Mendoza, porque Gilard y Rodríguez Amaya se demoraron mucho en la preparación de los textos; y, según las hijas de Moreno, porque únicamente existía un trato para publicar los cuentos y la primera novela.

La edición más reciente de En diciembre llegaban las brisas, publicada por Alfaguara en 2014, se consigue en las librerías. Aunque Rodríguez Amaya dice que no es del todo fiel a los manuscritos que Moreno, Gilard y él corrigieron en París, sigue siendo una de las novelas más hermosas de la literatura colombiana.

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La historia de la segunda novela, El tiempo de las amazonas, es aún peor, porque esta nunca ha sido publicada. Según familiares, amigos y unos cuantos académicos –es decir, los pocos que la han podido leer–, se trata de un relato mucho más autobiográfico sobre los años de Moreno en Francia. Por qué este libro no ha sido publicado es otra gran pregunta de esta historia.

Rodríguez Amaya y Fourrier asegura que se debe a que Plinio Apuleyo Mendoza, ficcionalizado en un personaje llamado Luis, sale mal parado en la novela; preocupado entonces por preservar su reputación, habría impedido la publicación. Esto es lo que dice Fourrier: “El tiempo de las amazonas era en gran parte una autobiografía de los tiempos parisinos, periodo en el cual el comportamiento de su marido no se puede describir. Durante meses y meses, Marvel tuvo que luchar contra una enfermedad mortal y él, en vez de ayudarla, se ensañó en contra de ella hasta no poder esconder su deseo de que muriera pronto. Marvel fue tratada como una indigente porque no tenía un centavo… ¡Con un marido diplomático! Plinio pudo reconocerse en el retrato que ella hizo de él, aunque sea muy reducido, y no pudo admitir que su imagen social fuera estropeada en Colombia. Entonces convenció a su hija mayor, Carla, de que la novela era mala y de que, por respeto a su madre, no debía publicarse. Así que la novela nunca ha sido publicada”.

Carla Mendoza, por su parte, dice que el proceso de escritura de Moreno se caracterizaba por una lenta escritura y muchas reediciones, antes de llegar a la versión final. Lo que había cuando Moreno murió en 1995 era, según ella, “la primera versión; la primera, primera”.  

Gilard y Rodríguez Amaya insisten, a su vez, en que la primera versión de esa novela quedó terminada en 1993, y la segunda –y última– revisión, en el verano de 1994. “La única explicación que encuentro más de 20 años después es la siguiente –dice Rodríguez Amaya–. No contento con la muerte biológica de Moreno, y para acallar la historia descarnada de la fauna latinoamericana en París, que ella narró con la libertad de quien escribe ficción, Plinio Apuleyo, quien no tiene ningún derecho o poder legal sobre la obra de Marvel, ha querido ‘matar’ literariamente a una escritora a quien él no le llega ni a los talones. Decir que la novela no está completa o que no es de un valor literario significativo es una infamia, un acto de mala fe con respecto a la obra de Marvel Moreno. Es un atentado para destruir la obra”.

Plinio Apuleyo Mendoza llama a este tipo de acusaciones “estrafalarias” y agrega: “Yo colaboré con Marvel, y la admiré mucho. Siempre creí que es una magnífica novelista y una magnífica escritora, y si mis hijas deciden que se debe publicar la segunda novela, yo no tengo razones para oponerme. Realmente no me opongo y soy incapaz de censurar un libro. Lo único que me inquieta es lo que dicen mis hijas, que la novela no está a la altura. Yo no la conozco muy bien, alguna parte he leído, pero no la conozco bien y no sé cómo es que aparezco yo ahí”.

Según las hijas de Moreno, el asunto no es así de complicado y en realidad no es un misterio, como lo describen Gilard y Rodríguez Amaya. Carla Mendoza dice que lo que hay es apenas una colección de anécdotas y pequeñas crónicas que, en un par de páginas, resumen los argumentos de lo que pudo eventualmente ser una novela entera. Fue la enfermedad lo que le impidió a Moreno terminar –de verdad terminar– El tiempo de las amazonas: “Cuando estaba escribiendo la segunda novela se estaba ahogando, le faltaba el aire. Entonces hacía resúmenes en pocas páginas. No tenía el tiempo ni la salud para trabajar como había trabajado en En diciembre llegaban las brisas. Ese libro le tomó años, lo escribía y lo reescribía. Pero al final estaba en unas condiciones muy difíciles. Tenía muchas historias por contar y como 200 personajes, pero no pudo escribir como habría querido”.

En cuanto a la posible publicación de El tiempo de las amazonas, Carla no titubea: “Definitivamente no se va a publicar. Lo que hay son dos libros, los cuentos y la novela, que tienen el nivel de Virginia Woolf y William Faulkner, los escritores que ella admiraba tanto. Nos parece que sería un error agregar a ese legado un libro de calidad inferior”.

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Aunque todavía no pueda establecerse con seguridad qué versión o versiones se acercan más a la verdad de lo sucedido, el vaho de rencores, chismes, silencios y acusaciones en torno a Marvel Moreno ha terminado por ensombrecer su obra y su legado. Una buena noticia es que al menos la colección de cuentos, que no se consigue desde 2001, regresará a las librerías. El próximo junio, Alfaguara sacará la colección al mercado.

“Los libros que sí duran son los que tienen una altísima calidad y el tiempo va a hacerles justicia; yo creo que el tiempo les hará justicia a las obras de mamá”, me dijo Carla Mendoza. Algo parecido dice Fourrier: “El talento al final vence, aunque necesite un siglo”. Ojalá no necesite el siglo completo.

* Periodista y profesor de Literatura

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