Carolina Sanín. Carolina Sanín.

El aplauso

Alguien que quiere ganarles a todos los demás en lo que hace ¿quiere en el fondo una soledad total? ¿Querer ser el mejor no implica siempre algo de autodestrucción?

2016/10/26

Por Carolina Sanín

Qué raro es que, para mostrar que nos complace algo que hemos oído, aplaudamos. Asistimos a una obra de teatro, o a un concierto, y, para manifestar nuestra aprobación y nuestra gratitud, entrechocamos las palmas sin sincronía, sin ritmo. A lo que nos pareció que tenía sentido y articulación, respondemos con el gesto sonoro más burdo que podemos hacer, sin sentido y desarticulado. Quizás expresamos con ello nuestra humildad y el reconocimiento de la grandeza ajena. Pero, por otra parte, no golpeamos con la palma una superficie cualquiera, ni zapateamos. Aplaudimos: juntamos sobre el corazón los dos lados del cuerpo, las dos manos, para manifestar también la concurrencia y la completud. Y decimos que, afuera, envolviendo la obra que aplaudimos, está el ruido, que somos nosotros, que somos todos. Decimos, quizá, que la obra forma parte de ese ruido y de nuestro cuerpo, y que está envuelta en ellos.

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