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Llega el ciclo de Charlie Chaplin a los cines de Colombia

Sandro Romero explica los seis de clásicos del genio del cine mudo que se presentarán desde el próximo 17 de abril en las salas de Cine Colombia de todo el país.

2018/03/21

Por Sandro Romero Rey * Bogotá

Esta nota surge de una alianza entre ARCADIA y Cine Colombia. Además, forma parte de la edición 150 de ARCADIA. Haga clic aquí para leer todo el contenido de la revista.

En 1959 se lanzó en las pantallas del mundo un programa con películas silentes titulado en español Revista Chaplin, en el que se pretendía “resucitar” la imagen de un personaje que parecía olvidado. Este espacio –compuesto por los títulos Vida de perros, Armas al hombro y El peregrino– confirmó que la pretendida muerte del héroe del cine mudo era apenas una leyenda. Pocas bestias de la actuación pudieron trascender las vicisitudes del teatro inglés de variedades y pasar triunfalmente al nacimiento del cine en Estados Unidos e inventarse un personaje de la pantalla combinando las labores de productor, director, compositor y guionista. Charles Spencer Chaplin, nacido en las peores condiciones sociales del East End londinense en 1889, terminaría convirtiéndose en uno de los símbolos esenciales del llamado “séptimo arte”, reconocido en todas las pantallas de un planeta cada vez más breve. Así como los jóvenes de los años sesenta se peleaban en la batalla The Beatles vs. The Rolling Stones, los amantes de la comedia norteamericana de los años veinte tomaban partida por Charlot o Buster Keaton, héroes absolutos de las carcajadas en blanco y negro, de la dicha a 16 cuadros por segundo. El combate terminaría en tablas.

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Atravesando su primera edad dorada, se fundaron compañías que se consolidaron gracias a su nombre (Keystone, Essanay, Mutual); su figura fue configurándose no solo dentro de sus inimitables números de torpezas sobrenaturales, conocidas en el lenguaje actoral como el slapstick. El personaje de Charlot también terminaría siendo un paradigma y un símbolo, hijo único del melodrama y la comedia, de la risa y el llanto, de la protesta y la celebración. El chico o, sobre todo, Luces de la ciudad fueron películas de largo aliento en que el rol del vagabundo combinaba sin problemas el dolor de un desempleado con la felicidad de los golpes. Una mendiga ciega podía ser la musa de un ser insignificante, de bigotito y pantalones bombachos, de bombín y bastón, héroe de los desposeídos y cómplice de los poderosos, así todos estuvieran borrachos o despechados. La primera mitad del siglo XX le reservó un pedestal incuestionable a Chaplin, junto al genio de Griffith y Greta Garbo, de Eisenstein y Hitchcock. Cuando el cine aprendió a hablar, iniciando los años treinta, sus largometrajes siguieron reinando en silencio, produciendo películas que, como La quimera del oro o Tiempos modernos, poseían la contundencia de un actor que se echaba la historia al hombro y con su histrionismo sostenía los templos de la felicidad. No había palabras para describirlo.

Su historia personal y su provocación política se convertirían en las dos poderosas trampas que el establishment moralista de la industria del cine le pusiese en frente para silenciarlo. No obstante, Chaplin sacaría fuerzas de su primera madurez para producir películas militantes como El gran dictador (donde combinó genialmente el rol de Hitler con el de un pobre barbero judío, lejano pariente de su vagabundo), o cantos del cisne al oficio del actor teatral, junto con su viejo colega Buster Keaton, en la inimitable Candilejas. Los últimos años de su vida, en el exilio europeo, le servirían para acrecentar sus bromas hacia “América”, con Un rey en New York, en la que el humor negro limita con la apología del delito, en las entrañas de Monsieur Verdoux, o su viaje a los territorios del color, de la mano de Sophia Loren y Marlon Brando en La condesa de Hong Kong. A pesar de sus riesgos, de su megalomanía, de su curiosa pedofilia o de su desvergonzado espíritu contestatario, Chaplin supo triunfar y, a pesar de su lento silencio, el de su encierro en las montañas de Suiza, supo recibir su recompensa y ser coronado en 1972 con un Óscar honorario, con el que Hollywood le pidió disculpas de pie y lo llenó de glorias. Cinco años después, moriría en su mansión de Cursier-sur-Vevey.

Un juego que nunca ha cesado

Los años han pasado, y existe la curiosa sospecha de que su nombre, como sucedió en 1959, pareciera perderse en los laberintos infinitos de la sobredosis audiovisual. Sus películas, sin embargo, se han mantenido, a través de las redes, de internet, del video casero. Para completar su persistencia, Chaplin es protagonista de un nuevo prodigio: uno de los grandes triunfos del siglo XXI es el de la restauración digital del cine. Y a los grandes maestros, como a los títulos imprescindibles, hay que volverlos a visitar en la oscuridad y frente a la gigante pantalla de plata.

Poco a poco, ese privilegio se ha ido consolidando. Para 2018 se cuenta con seis programas con los cuales se puede entender la perenne genialidad del autor inglés. Una mujer de París (su melodrama, aplaudido por Lubitsch o Scorsese como un título ejemplar, así Charlot no cruce por sus encuadres), Un rey en Nueva York (la parodia sonora a unos Estados Unidos farsescos, donde el verbo se hace gag), Monsieur Verdoux (travesura, al parecer, ideada por Orson Welles, donde el noble vagabundo se convierte en un simpático asesino), El gran dictador (la parodia que no cesa), Revista Chaplin (tres piezas perfectas de breve metraje y largo aliento) o Candilejas (la celebración de un oficio, la muerte feliz del gran teatro del mundo), todos a una, se encuentran en las salas de cine para deleite de los nuevos espectadores que nacen y reinventan un juego que nunca “pasa de moda”, porque simplemente nunca se ha ido.

El crítico polaco Jan Kott escribió en 1964 que Shakespeare seguía siendo nuestro contemporáneo. El nuevo milenio se ha instalado en nuestros pasos y lo mismo se puede decir del cine de Charlie Chaplin: su humor, su ternura, su desparpajo, su dolor y su dicha le pertenecen aún a toda la humanidad porque, para trascender, solo se necesita conquistar lo imposible.

Ciclo Chaplin

1. A woman of Paris / Una mujer en París
Martes 17 de abril de 2018 - 8:30 p.m.
Domingo 22 de abril de 2018 - 12:00 m

2. A king in New York / Un rey en Nueva York
Martes 8 de mayo de 2018 - 8:30 p.m.
Lunes 14 de mayo de 2018 - 12:00 m

3. Monsieur Verdoux
Martes 29 de mayo de 2018 - 8:30 p.m.
Lunes 4 de junio de 2018 - 12:00 m

4. The great dictator / El gran dictador
Martes 26 de junio de 2018 - 8:30 p.m.
Sábado 30 de junio de 2018 - 12:00 m

5. Chaplin Revue / Revista Chaplin
Martes 3 de julio de 2018 - 8:30 p.m.
Domingo 8 de julio de 2018 - 12:00 m

6. Limelight / Candilejas
Martes 17 de julio de 2018 - 8:30 p.m.
Domingo 22 de julio de 2018 - 12:00 m

*Escritor, docente, realizador. Autor de Género y destino (U. Distrital, 2017)

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