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Mis botas

"Aprendí idiomas, hice deporte, y siempre las botas me perseguían allí adonde iba" un cuento de Jairo Aibal Villalba para 'Diez'.

2018/02/20

Por Jairo Aibal Villalba

“Aprender a caminar con mis botas fue fácil. Aprendí a manejarlas al poco tiempo de haberlas comprado por 70.000 pesos en el barrio Restrepo, junto a mis primos. Poco me importaban los comentarios despectivos en el colegio y en el servicio militar. Cuando tenía días libres o de franquicia, aprovechaba al máximo para usarlas. Una vez fui creciendo, mis botas vaqueras negras me acompañaban siempre. De esa época recuerdo los sábados junto al capitán Riaño en el polígono, y las botas marca Troya de los alférez.

Al llegar a la universidad, supe que la búsqueda de mi identidad sexual y la construcción de mi personalidad eran claras. Me atraían física y sexualmente los hombres. Comencé a tener relaciones con otros hombres mientras estudiaba, y una y otra vez, fui conociendo más y más botas. Aprendí idiomas, hice deporte, y siempre las botas me perseguían allí adonde iba.

Al hacerme adulto encontré la página web “El rincón sexual de Miguelito”, y de allí, algunos contactos me llevaron a otras páginas, en las que encontré nuevos amigos que compartían mi gusto y afición por las botas. Desde entonces, Beto y John, dos amigos paisas, no dejan de recordarme mi afición y gusto por las botas, que poco a poco fueron siendo más hasta ir haciendo una pequeña colección.

Con la aparición de las redes sociales, aparecieron más caballeros “botudos” en el país y en el mundo, con quienes se repitió la historia que yo había vivido. Muchos eran curiosos de nuestra afición común por las botas; otros, llevaban una doble vida, otros solo hablaban de ellas, algunos las lucían ‘enclosetados’ y soñaban tener sexo portándolas, pero se morían del miedo al qué dirán.

Muchos años después de mi primer par, hoy sé que no soy el único que comparte el amor a las botas. Sé que no siempre hay empatía. Sé que a veces solo se trata de presiones sexuales que no tolero. Y también sé que seguiré mi existencia subido en mis botas.

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