"Ella misma aclara que no se trata de un retrato objetivo, sino de la celebración de la vida y el legado de una gran figura". "Ella misma aclara que no se trata de un retrato objetivo, sino de la celebración de la vida y el legado de una gran figura".

El combatiente compasivo: la historia del líder afgano Massoud

Mauricio Sáenz reseña este retrato íntimo.

2019/03/27

Por Mauricio Sáenz

Este artículo forma parte de la edición 161 de ARCADIA. Haga clic aquí para leer todo el contenido de la revista.

Cuando dos terroristas suicidas asesinaron al líder afgano Ahmad Shah Massoud el 9 de septiembre de 2011, los conocedores del drama de su país tuvieron un mal presentimiento. Y solo pasaron dos días para que se materializaran sus peores temores, cuando el primer jet de pasajeros se estrelló en las Torres Gemelas de Nueva York. Poco después quedaría claro que los asesinos de Massoud pertenecían a la misma célula de Al Qaeda. Hoy casi nadie niega la conexión entre los dos hechos.

Pocos meses antes, el llamado León de Panjshir había visitado el Parlamento Europeo. Allí advirtió sobre los peligros que planteaban Osama bin Laden y su banda de forajidos internacionales, principalmente saudíes. Lo sabía bien, porque estos se habían enquistado por casi una década en el territorio afgano, invitados por los talibanes a participar en la yihad contra el invasor soviético. Massoud aborrecía la barbarie de esos combatientes extranjeros, que presagiaba los horrores actuales. Hoy, casi veinte años después, sus palabras sorprenden por su alcance: la amenaza terrorista persiste, la guerra de Afganistán nada que termina y el terrorismo fundamentalista amenaza al mundo.

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Al asesinarlo, Al Qaeda eliminó al peor enemigo de sus amigos talibanes y sacó del juego a un personaje que encarnaba lo contrario de sus postulados. En efecto, el carismático Massoud era un devoto musulmán, pero defendía la democracia, los derechos de las mujeres y concebía al Estado como un ente secular, alejado de lo religioso. Un detalle muy importante a la luz de teocracias como las de Irán o Arabia Saudita. Era, en suma, el dirigente moderado que Occidente hubiera soñado para un país como Afganistán.

Ahmad Shah Massoud nació en 1953 en el pueblo de Bazarak, en el valle de Panjshir. Tras graduarse del Liceo Francés, comenzó a estudiar Ingeniería en la Universidad Politécnica de Kabul. Allí se unió a la Liga de la Juventud Musulmana, y cuando las tropas soviéticas entraron al país, se volvió combatiente guerrillero contra el invasor.

Pronto se convirtió en leyenda, pues con recursos mínimos hizo frente a un enorme aparato militar y contribuyó a transformar esa guerra en el Vietnam de los soviéticos. En 1992, tras la caída del régimen comunista, asumió el ministerio de Defensa en el gobierno de los muyahidines. Pero las disputas internas entre los múltiples clanes y etnias condenaron al fracaso ese proceso. En 1996, los talibanes tomaron el poder, y Massoud regresó al valle de Panjshir a encabezar la resistencia contra la brutal dictadura de ese grupo. Y en medio de esa lucha encontró la muerte.

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Hoy Massoud es el héroe nacional de Afganistán, y el 9 de septiembre es una fecha solemne. O al menos así lo será mientras los talibanes no logren derrotar al débil gobierno de Kabul, que se sostiene por la hoy dudosa presencia norteamericana. La historia, esa narrativa de los vencedores, aún no ha dictado su veredicto sobre

Massoud, un luchador que no pudo ver a su patria salir del atolladero.

Por eso resulta tan interesante el libro de Marcela Grad, escritora argentina residente encps Estados Unidos. Ella misma aclara que no se trata de un retrato objetivo, sino de la celebración de la vida y el legado de una gran figura. Y no lo hace como una biografía, sino a partir exclusivamente de una compilación de testimonios de quienes conocieron a Massoud. De ellos emerge el retrato de un ser excepcional, un guerrero místico que trataba bien a los prisioneros y sufría por las consecuencias de la guerra. Un hombre de una gran espiritualidad que se refugiaba en la poesía para soñar con un Afganistán de nuevo en paz.

Ese estilo, sin embargo, exige del lector investigar por su cuenta la vida del héroe, pues no hay un hilo narrativo claro que permita dilucidar la historia en su conjunto. Ofrece, eso sí, una mirada a las virtudes de ese luchador que resulta un ser sensible y compasivo, y a la propia sociedad afgana, que lucha por su dignidad perdida.

Massoud. Un retrato íntimo del legendario líder afgano

Marcela Grad

Mandala Ediciones

332 páginas.

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