Foto Alfonso J. Venegas Foto Alfonso J. Venegas

Escribir para que las cosas no se olviden

La escritura es un hecho político. Una introducción al poder transformativo que ha tenido para las personas LGBTI de Bogotá.

2017/11/22

Por Juan David Correa*

Uno podría decir que el título de esta nota editorial encierra una especie de arrogancia por el prestigio del que goza la memoria y no el olvido. Pero lejos de dicha pretensión, Arcadia, Idartes y la Dirección de Diversidad Sexual de la Alcaldía de Bogotá llegan a este fin de año con cuatro números de un proyecto que comenzó con el sueño de entregar un medio, una pequeña revista, con historias, reportajes, crónicas, fotografías e infografías de eso que se ha dado a llamar los sectores LGBTI y que no es otra cosa que un grupo heterogéneo de sensibilidades incluidas en una sigla que, de alguna manera, también los ha excluido de la vida pública de la ciudad. Dicha idea, la de un pequeño medio que movilizara y les diera un lugar, una especie de medida de las cosas a estas personas, ha conseguido, en poquísimos meses –apenas un semestre– movilizar historias, ideas, versiones de la realidad y textos que de alguna manera concretan el sueño de miles de personas que han dado luchas desde hace por lo menos cuatro décadas y que han sido invisibilizadas. Esta historia, que esperamos continúe en 2018, es solo la primera apuesta para que los medios de comunicación tomemos conciencia de las diferentes miradas que soslayamos por estar concentrados en el statu quo. Diez ha sido la primera piedra para que, entre todos, insistamos en la necesidad de educar y crear lectores capaces de tolerar la diferencia, de abrazar por igual a mujeres y a hombres sin importar su identidad de género y su orientación sexual.

Esta historia comenzó en 2016, cuando nos reunimos con el escritor Alonso Sánchez Baute y el director de la Dirección de Diversidad Sexual, Juan Carlos Prieto, en su pequeña oficina del edificio de Catastro, en la calle 26 con avenida NQS. A instancias de Sánchez, uno de los novelistas y escritores que más han abierto espacios para lo LGBTI en nuestra sociedad, conversamos con Prieto y Cristina Rojas de un proyecto que quizás algún día verá la luz, y que no era otra cosa que una revista escrita y pensada desde las sensibilidades LGBTI. Valga reconocer a quienes en ese entonces se reunieron con nosotros para apoyar la idea con sus valiosos aportes. Sin embargo, esa revista necesitaba sumar aliados comerciales que jamás aparecieron, y así, la Dirección de Diversidad Sexual en compañía de Idartes vieron la posibilidad de celebrar una política pública creando memoria, dejando una huella en el camino, para insistir en que no era –ni es– dueña de la verdad revelada, pero sí que esa política es una conquista social que no debe despreciarse.

Una vez definimos la hoja de ruta de este primer año, fue ineludible pensar en para quién y para qué se haría este medio si no era, también, para los propios sectores. Por eso, de manera paralela a la aparición del primer número de Diez, comenzamos a realizar talleres de escritura, dirigidos por el escritor Álvaro Robledo, la escritora uruguaya Fernanda Trías y yo mismo. Los tres, durante cinco sesiones cada uno, trabajamos con grupos movilizando la idea de que la escritura era importante en tanto más honesta y despojada de veleidades. Y eso, quizás, queridos lectores, es lo que ustedes podrán leer en esta cuarta entrega de Diez, la última de este año. Un puñado de textos surgidos de los talleres que dan diversas miradas a la realidad. Desde el perfil de apertura, que se mete con la figura del filósofo Édgar Garavito y su concepto de la transcursividad aplicado al género, hasta las crónicas y opiniones de algunos de los asitentes que llegaron a este puerto pero que no son, por supuesto, los únicos. Se quedan decenas por fuera, que esperamos ir publicando en nuestras entregas de 2018, pues creemos firmemente que las voces que no hemos escuchado tienen mucho que enseñarnos en un país que, esperamos, quiere caminar hacia la reconciliación. Son ellos quienes han aprendido a tolerar y a vivir en función de un discurso y una actitud más abierta, viviendo la felicidad y la tristeza en comunidad; son ellos quienes no han podido ser dejados en paz y libres de acuerdo a una moral retrógrada y llena de miedos que los ha exluido sistemáticamente. Y aunque todo ello les ha pesado, y no ha sido un camino fácil, han logrado organizarse, defender con derechos aquello que les ha sido negado por las costumbres de un país en el que, como lo dijimos en una revista Arcadia de hace unos meses, cabemos todos.

NdlR. En el pasado número de Diez cometimos el error de mencionar que Parces ONG, en liquidación, continuaría bajo otro nombre y no es así. Además, la fotografía de de la sección Memoria corresponde a Nicole, activista trans que está viva y no a Wanda Fox. Mil disculpas.

*Director de Arcadia - Publicaciones Semana

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