Crédito: Carlos Bernate Crédito: Carlos Bernate

La noticia de mi padre

La Alcaldía de Bogotá, a través de Idartes, celebró en 2017 los Premios Expresarte, una iniciativa que busca reconocer las creaciones artísticas que abordan temas de diversidad sexual. A continuación, presentamos el texto ganador en la categoría de Literatura.

2018/04/17

Por Cristian Camilo Charry Ocampo*

Cómo olvidar la hora exacta en la que mi padre llegó a esa cafetería del centro en la que nos había citado a mi hermano y a mí.

–Tengo algo muy importante que decirles –nos anunció una semana antes por teléfono.

No puedo borrar el rostro de temor que se dibujaba en la cara de mi padre, como si tuviera la obligación de ser el mensajero de una fatal noticia. Esa tarde, con una gota de sudor en la frente y más pálido que nunca, se echó a llorar frente a nosotros. Algunas personas en la cafetería agudizaron el oído con la intención de saber qué había roto y descompuesto a ese hombre acuerpado y cuarentón.

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–No sé por dónde empezar –dijo entre sollozos.

Nunca lo había visto llorar, y verlo así solo evidenciaba que estaba en una situación inhóspita, que se sentía acorralado y que no sabía qué hacer.

–Habla sin rodeos, papá –dijo mi hermano Albert con los nervios de punta.

–¿Te vas a morir? –pregunté sin pensar. Intentó hablar, pero la lengua se le enredó.

–¿Es eso papá? ¿Te vas a morir? –preguntó alarmado Albert.

Estoy enamorado de un hombre –dijo entre los dientes.

Creí que no había escuchado bien, que la bulla de la calle se había colado para tergiversar las palabras.

–¿Cómo? –preguntó Albert como si tampoco hubiera escuchado.

–Que me gustan los hombres…

–¡Qué! ¿Mi papá marica? –gritó tan fuerte mi hermano que provocó un silencio total en la cafetería.

–Albert, por favor…

–Por favor nada, vaya a que le den por el culo. Vamos, Sebastián –agregó y me hizo señas para que lo siguiera.

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Miré a mi papá con sentimientos encontrados: con decepción, por un lado, y asustado de que algo fuera a cambiar, por el otro. Me paré y me fui detrás de mi hermano; dejamos a mi padre allí, indefenso, juzgado bajo los ojos de todos aquellos que alrededor de la mesa habían quedado atónitos.

No pude dormir esa noche, imaginaba cómo mi papá podía penetrar a alguien de su mismo sexo, o en el peor de los casos, cómo podía ser penetrado por alguien. No sé por qué me causaba más incomodidad pensar en que alguien lo penetraba, como si la palabra penetración ejercida sobre un hombre le quitara peso a su masculinidad; el rótulo de macho, como si fuera menos marica por clavar que por ser clavado.

¿Que mi papá fuera marica me haría un poco marica a mí? ¿Ya no podría dejarle cargar a mis hijos varones por miedo a que les hiciera algo? Eran ilógicas esas preguntas, lo uno no tenía que ver con lo otro. Mi papá, por encima de ser gay, era educado, amoroso, nunca se aprovechaba de nadie y era la persona más respetuosa que conocía. Tenía que hablar con él lo más pronto posible, quería saber de primera mano qué le pasaba, cómo había ocurrido y si cambiaría en algo su relación con nosotros.

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Llegué a su apartamento a las diez de la mañana sin haberle dicho nada. Golpeé un par de veces hasta que la puerta se abrió.

–¿Qué haces aquí? –preguntó confundido.

–Necesito hablar contigo…

–Te busco en tu universidad en la noche y hablamos

–¿No puede ser ahora? –dije mientras intentaba adelantarme y entrar al apartamento. –Tendrá que ser en la noche –se apresuró a decir mientras me bloqueaba el paso.

–Vete, yo te llamo.

Quedé pasmado frente a la puerta, extrañado por la actitud que había tomado. Estaba por irme, pero decidí que sería mejor si esperaba a que saliera y le insistía. Me senté a unos metros y esperé. Cuando la puerta del apartamento se abrió y tuve la intención de pararme e interceptarlo, vi salir un muchacho de unos 27 años, que estaba seguro de haber visto antes. Impulsado por el deseo de recordar en dónde lo había visto, me fui detrás de él. Lo seguí hasta que entró a una panadería y se sentó. Entré también y me hice en una esquina. Me tapaba con la carta y lo observaba, a la espera de una motivación para ir a hablarle.

Algunos minutos después no pude esperar más, sentí que era el momento y me levanté del asiento. Iba a empezar a caminar cuando Albert, mi hermano, entró en la panadería y caminó directo a él. Se sentó en su mesa dándome la espalda. Al verlos juntos recordé dónde lo había visto: era compañero de clases de mi hermano.

–¿Por qué me dices esto ahora?–escuché que Albert vociferaba sin darse cuenta que había levantado la voz. Parecía fuera de sí, seguro ya sabía que su amigo era el hombre del que hablaba mi papá. El muchacho intentó calmarlo, le dio dos palmadas en el hombro y se fue. Vi cómo el cuerpo de Albert respiraba agitado, cómo intentaba tranquilizarse a pesar de lo que acababa de oír. Me paré y me senté en su mesa como por inercia.

–¿Estás bien? –pregunté al ver que su cara se tornaba de blanco a morado. –Escuchaste… –balbuceó con esfuerzo. Su cuerpo temblaba y le costaba articular palabras. –Ya lo sé… –le dije.

–¿Lo sabes? –preguntó alarmado.

–Me acabo de enterar.

–No le digas por favor a mi papá. No podría mirarlo a los ojos después de cómo lo traté, estaba aterrado. No sé qué voy a hacer.

–¿Qué vas a hacer de qué? No te entiendo, Albert –dije confundido.

–Lo que oíste, me dejó por un hombre mayor. Dice que está enamorado de él, que no puede seguir jugando a las escondidas conmigo.

Me puse de pie de un salto. Ahora yo era el que empalidecía y me sentía desmayar. Mi hermano, si había comprendido bien, estaba enamorado del mismo hombre que mi padre. –Tengo que ir a hablar con mi papá, pedirle disculpas, decirle que yo también soy gay y que estaba tan asustado como él –dijo Albert, motivado por una fuerza que desconocía. –Espera, no puedes ir ahora –intenté atajarlo con la voz cuando ya iba demasiado lejos.

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Le gritaba su nombre en un esfuerzo absurdo por detenerlo. Cuando llegué al apartamento, vi, como si fuera una cámara lenta, cómo el muchacho con una cara de sorpresa abría la puerta y cómo mi padre salía en una diminuta pantaloneta al encuentro con ambos. Lo siguiente que recuerdo es que en vez de seguir avanzando retrocedí y sentí el impacto de mi cuerpo contra una moto.

Cuando desperté en la sala del hospital, vi a mi papá, a mi mamá y a mi hermano reunidos a mi alrededor. El pulso se me subió al pensar que ya mi hermano sabía lo de mi padre con su amigo, y que mi padre sabía lo de mi hermano con su pareja y que mi mamá sabía lo de mi hermano con su amigo y lo del amigo de mi hermano con su exmarido. –Tranquilo –dijo Albert–, aquí no ha pasado nada. Volteé a mirar a mi papá con cara de espanto.

–Tranquilo –dijo mi papá–, ya lo hemos solucionado todo. Adrián, el amigo de tu hermano, es un embaucador, quería chantajearnos a ambos y ambos caímos en su juego. Lo único que queda es asumir lo que somos y apoyarnos en la familia.

En ese momento entendí que el inconveniente no era de mi papá o de mi hermano, ni de la condición que habían asumido. Por encima de los gustos que tenían había otros problemas, decir “soy gay” era solo el inicio de una batalla que tendrían que luchar por siempre, la batalla de vivir. Hoy en día mi papá y mi hermano son personas sonrientes, porque, a pesar de todo y de la gente que los juzga y condena, ellos han decidido ser felices.

–Tengo algo muy importante que decirles… –interrumpió mi mamá, generando un silencio en toda la habitación.

*

Cambios de Expresarte para 2018

De 2015 a 2017, la Alcaldía Mayor de Bogotá, a través de Idartes y en asocio con la Dirección de Diversidad Sexual de la Secretaría Distrital de Planeación, organizó los Premios Expresarte, un concurso que reconocía prácticas artísticas que reivindican los derechos de mujeres lesbianas, hombres gay, personas bisexuales, trans e inter, y otras orientaciones sexuales e identidades de género de la ciudad.

A partir de este año, Expresarte existe de otra manera: se convirtió en una beca de circulación del Programa Distrital de Estímulos, que busca destacar creaciones artísticas que aporten al cambio de imaginarios en torno a la diversidad sexual. Entregará estímulos por 35 millones de pesos y cerrará inscripciones el próximo 25 de abril.

*Licenciado en Artes Escénicas de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia.

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