'Farsa - Delacroix (La liberté guidant le peuple)', 2013, Dora Longo Bahia. Vermelho.

Salir del gueto latinoamericano

Una legión de galerías de la región busca desligarse del rótulo ‘América Latina’ para entrar en serio en el circuito internacional. Esa decisión la respalda la casa de subastas Sotheby´s con una maniobra que puede partir en dos el mercado en Estados Unidos. Arcadia consultó lo que está pasando en Nueva York, París y Bogotá.

2017/10/20

Por William Martínez * Bogotá

La asesora de arte Ana Sokoloff, quien dirigió el Departamento de Pinturas Latinoamericanas de Christie‘s en Nueva York e introdujo a Doris Salcedo en esa casa de subastas, dice que están pasando cosas con el arte de América Latina en el mundo. En España, es evidente el interés de la feria Arco, del Museo Reina Sofía y de ciertas galerías. En Estados Unidos, las instituciones que lo coleccionan pasan la veintena. Y en la región, Zona Maco (México), ArteBA (Argentina) y SP-Arte (Brasil) enganchan cada vez más a los coleccionistas extranjeros.

Sokoloff reconoce el crecimiento: hace 20 años Estados Unidos, Europa y Asia ignoraban que el arte de la región trascendía de grafías precolombinas, pero lanza una advertencia: “El mercado no responde necesariamente a lo que compran los museos ni a lo que compran los coleccionistas. Al menos no de forma inmediata. Algunas obras del momento pueden ser legitimadas, perfectamente, por tendencias decorativas. El mercado depende de mil cosas: no hay reglas. Lo importante no es salirse del rótulo ‘Latinoamérica’, lo importante es ser competitivos bajo el rótulo que sea. Para que haya un boom necesitamos ser verdaderamente internacionales y aún no lo somos”.

Lumens and Lumen balance, 2017, Hans Stallinga, Galería Michael Sturm.

Este año la Feria Internacional de Arte de Bogotá del programa ARTBO, de la Cámara de Comercio de Bogotá, presentará 75 galerías de 18 países, entre las cuales está la sección Proyectos con la muestra Contra el olvido. Curada por la brasileña Kiki Mazzucchelli, hoy radicada en Londres, reúne 15 proyectos de artistas contemporáneos representados por galerías de ocho países que exploran cómo gobiernos que prometían equidad edificaron sociedades polarizadas. Buena parte de estas galerías son de la región y acumulan un amplio bagaje en ferias internacionales. A propósito de la sección, Arcadia cuenta cómo funciona el modelo de negocio de tres galerías que venden arte latinoamericano y hoy buscan tomar distancia de ese rótulo. Así atraviesan el camino para treparse al mainstream y hallar nuevas ventanas conceptuales.

Un documento del Museo Guggenheim de Nueva York, redactado a máquina de escribir, anuncia un evento que pasó inadvertido en la prensa norteamericana. Fechado el 28 de octubre de 1974, presenta la primera gran exposición —82 obras— de Jesús Rafael Soto en Estados Unidos. La primera retrospectiva que haría un artista latinoamericano, hoy referente del arte cinético, en un museo que solo había tenido ojos para la producción de su país y de Europa. Un salto al vacío que casi le cuesta el puesto al curador de la muestra y que reventó las costuras de la identidad del Guggenheim para siempre.

La mayoría de las piezas procedían del Museo de Arte Moderno Jesús Rafael Soto, creado en Ciudad Bolívar, Venezuela, donde nació el artista, y también de colecciones públicas y privadas en Caracas, París y Nueva York. León Tovar —bogotano, director de una galería especializada en arte moderno latinoamericano establecida en Upper East Side hace 20 años— conserva tres vestigios de esa exposición. Estas son las obras —las rupturas históricas y conceptuales— que él busca para el acervo de su galería, la cual estará presente en las secciones Referentes y Sitio de ARTBO y es una de las cinco más confiables para comprar arte latinoamericano en Estados Unidos, según Forbes Collector.

En la última década, ha habido 25 exposiciones grandes de arte latinoamericano alrededor del mundo: Guggenheim, MoMA, Reina Sofía, Pompidou, entre otros. Algunos de los artistas que León Tovar representa estuvieron ahí. Él y su equipo de trabajo —seis empleados de planta y freelancers distribuidos en siete países— controlan simultáneamente 400 piezas en muestras, ferias y consignaciones. En 2016, vendió más de 10 millones de dólares.

Cosmos 1.1.281, 2017, Eduardo Terrazas, Galería Nils Staerk.

La vida de León Tovar Gallery en Nueva York y del mercado del arte latinoamericano en Estados Unidos puede capturarse en tres etapas. Pocas semanas después de que Tovar arribara a esa ciudad, en 1998, supo que su especialidad en minimalismo y conceptualismo clásico norteamericano y europeo era inútil para entrar en el mercado: las galerías neoyorquinas que lo ayudaron a llevar exposiciones a Colombia le soltaron la mano cuando supieron que sería su competencia directa. Él ya no representaba una ventana para la expansión internacional de galerías que, por lo demás, tenían exclusividad sobre la mayoría de artistas locales. Al verse sin campo de acción, optó por estudiar el mercado del arte moderno latinoamericano. Su fuerte hoy es el arte geométrico, sobre todo el madí, una corriente surgida en Uruguay y en Argentina hace 80 años que descompuso el marco tradicional de las piezas. Piezas que parecen pintura y también escultura, y que no son ni lo uno ni lo otro.

En los noventa, las casas de subastas jugaron a su favor porque ayudaron a erigir un mercado para el arte latinoamericano en un momento en el que los museos de Estados Unidos daban la espalda a la región. Sin embargo, recuerda Tovar desde Nueva York, “las subastas vendían piezas entre lo artístico y lo artesanal y los precios eran muy bajos”. En la segunda etapa, años 2000, hubo un relativo fulgor con la primera donación de arte moderno latinoamericano que hizo la Colección Cisneros al MoMA, un faro para el coleccionismo global. Esa práctica se mantiene hasta hoy. A la fecha ha donado 150 piezas y creó en ese museo un instituto de investigación enfocado en arte moderno y contemporáneo de la región. “Sin el aporte de la Colección Cisneros no estaríamos en el mapa. En parte le debemos que el MoMA, el Metropolitan y el Guggenheim tengan hoy departamentos de arte latinoamericano”.

Physichromie 247, 1966, Carlos Cruz-Diez, RGR+ART.

Ya había cierto reconocimiento en el mercado, pero faltaba contexto para afirmar que la calidad artística de América Latina desbordaba lo precolombino. El 19 de octubre de 2001, el Guggenheim abrió la exposición Brazil: Body & Soul, un hito para Tovar. Se trató de un recorrido por las obras maestras del barroco entre los siglos XVII y XVIII, con alta prevalencia en objetos tridimensionales y de madera, y obras modernistas y contemporáneas. En las esculturas exhibidas no está Brasil, están sus regiones: la tragedia en Bahía, la elegancia y los colores pastel en Minas Gerais, la sofisticación y la influencia del contemporáneo portugués en Río de Janeiro.

Los precios del arte latinoamericano saltaron como nunca antes —no pocos brasileros y mexicanos tuvieron que pagar al doble para recuperar obras que habían vendido baratas—, pero en diciembre de 2007 llegó la Gran Recesión, el descalabro de bancos y empresas que empezó en Estados Unidos y sacudió el mundo. Seis galerías, competencia directa de Tovar, cerraron por esos años. La primera decisión que él tomó fue frenar su expansión: ya estaba fraguando el proyecto para abrir una segunda sede que albergara piezas de gran formato. En cuestión de meses cambió la dirección de su modelo de negocios.

Primero, redujo a la mitad la publicidad, borró del mapa ferias que no aportaban nuevos compradores, se acabaron las largas cenas de negocios con botellas y botellas de vino. La prioridad era la galería. Pero hubo una decisión más contundente que las anteriores: se comió su propio inventario, vendió buena parte de un acervo que llevaba cultivando hacía una década. Tovar no evalúa esa medida como un reflejo de desespero ni muchos menos, como una pérdida irreparable: “Nosotros compramos para aguantar las épocas de vacas flacas”. Hubo austeridad y también un efecto camaleónico para seguir recibiendo entradas. “Gracias a que trabajamos varios años con piezas americanas y europeas, pudimos sobrevivir esta crisis y otras crisis vendiéndole al mercado latinoamericano. Y pasa al revés: cuando hay declive económico en la región, lo que pasa ahora con Brasil y Venezuela, nosotros recurrimos a nuestros compradores norteamericanos, europeos y asiáticos. Nuestra experiencia nos ha llevado a ser traductores de ambos mercados”.

CAP016, 2017, Caetano de Almeida, Galería Luisa Strina.

En septiembre de 2015, ocho años después de la recesión mundial, León Tovar abrió su segunda sede en Nueva York: un espacio de 600 m2 en el Downtown que alberga, exclusivamente, obras monumentales y semimonumentales. Aunque prefiere no dar detalles, está preparando la apertura de un tercer punto de venta que no será en Estados Unidos. Sus principales clientes son coleccionistas privados de Estados Unidos, Brasil, España y Francia y museos americanos e ingleses. “Solo tenemos un problema y es que tenemos un techo, estamos enjaulados: una parte del mercado está sometida a las casas de subastas. Ellas todavía no han salido del gueto latinoamericano”. La posible ruptura de ese modelo es la tercera etapa, una etapa que puede partir en dos el comercio de arte regional en Estados Unidos.

Tovar se refiere a que las casas de subastas tienen un departamento específico para el arte latinoamericano y eso, a su juicio, impide que los artistas entren al mainstream. Él y otros galeristas proponen que estos artistas se diluyan en los departamentos de carácter universal. “Las casas de subastas deben entender que Reverón debe entrar a la categoría de impresionismo, que Negret y Rayo deben estar en moderno, que el lugar de Kahlo y Carrington es el surrealismo. Necesitamos existir en los mercados a los que realmente pertenecemos, donde llegan coleccionistas desde Roma hasta Tokio”.

Untitled (hand with cross hatch drawing and ring), 1973, Liliana Porter, Galería mor charpentier.

En 2014, el departamento latinoamericano de Sotheby’s vendió en Nueva York 17,6 millones de dólares, una cifra no lejana a la que vende Tovar por año, mientras que el departamento de arte moderno sólo necesitó una obra para quintuplicar esa cifra: Carro, una escultura del suizo Alberto Giacometti, fue cedida por 101 millones de dólares. El calendario de la temporada de subastas tampoco favorece. Un ejemplo: antes de llegar la subasta latinoamericana a Nueva York, los coleccionistas han pujado en los departamentos de moderno, contemporáneo, impresionismo, antigüedades, surrealismo, vinos, relojes, joyas y más. Cuando llega la fecha, Estados Unidos se prepara para festejar el Día de Acción de Gracias. Demasiado tarde.

Sotheby’s, la casa de subastas londinense que inauguró su departamento de arte latinoamericano en 1979, es la primera en lanzarse a nuevas aguas. A partir de noviembre de este año, en Nueva York, esa casa integrará obras contemporáneas de la región al departamento contemporáneo. Tovar afirma que Philips, una casa de subastas que viene creciendo semestralmente desde hace siete años en ventas de arte moderno y contemporáneo de América Latina, posiblemente seguirá el mismo rumbo, aunque no lo ha oficializado.

Clavo 20, 2015, Los carpinteros, Fortes D‘Aloia & Gabriel.

Para Ana Sokoloff, quien trabajó por nueve años en la casa de subastas Christie’s, la movida de Sotheby’s podría representar el repunte de artistas que fueron faros y hoy, por azares del mercado, solo cuestan unos pesos más que sus alumnos. “Te voy a poner un ejemplo maravilloso de dos artistas que no son contemporáneos. Si tú ves las obras de Roberto Matta (Chile) y Arshile Gorky (Armenia, nacionalizado estadounidense), te darás cuenta de que el primero fue maestro del segundo. Según Artnet, el dibujo más caro de Gorky se ha vendido en subasta por 3’666.500 dólares (Sotheby’s, noviembre de 2010), mientras que el más costoso de Matta en subasta fue de 5’010.500 dólares (Christie’s, mayo de 2012). Abolir el término ‘arte latinoamericano’ permitirá que Matta entre a las ventas del surrealismo y pueda competir a la par con gente a la cual influyó”.

“Todo lo bueno viene de algo negativo”, sentencia Sokoloff. Ella intuye que de la misma forma en que algunos artistas nivelarán su reputación, otros quedarán por fuera del circuito. Y no dependerá del valor artístico, sino de la falta de espacio: las casas de subastas no son precisamente estanterías ilimitadas. “La movida de Sotheby’s los obligará a crear vías alternativas para que esas obras tengan salida. Una de las soluciones para esos artistas es vender por internet. Tendremos que monitorear porque en lo digital podría dispararse el mercado”.

Querer desligarse del rótulo “Latinoamérica” no solo pasa por una movida para treparse al mainstream. Es una decisión ética y conceptual especialmente en galerías jóvenes. Sokoloff lo explica así: “En los ochenta, la identidad se vuelve un elemento vital en las artes del mundo. En los noventa, ese movimiento sacude con fuerza a América Latina: comenzamos a hablar de cartografías, de geopolítica, de quiénes somos y quiénes son los otros. Empieza la globalización. En ese momento era interesante pertenecer a la periferia, circular por otros mercados. Con el cambio de siglo, ya no es tan obvia la utilidad del rótulo latinoamericano porque el concepto de identidad artística está definido. Queremos estar en un mercado globalizado. Solo en la posglobalización la identidad y la periferia vuelven a ser un valor agregado”.

Test Pattern, 2017, GT Pellizzi, Y Gallery.

Por esta razón, galeristas como Margarita Rodríguez Rincón, creadora de Rincón Projects, un espacio establecido en Bogotá en 2015 que gestiona artistas emergentes y que este año participará por primera vez en ARTBO en la sección 21 m2, no entra siquiera en la discusión del rótulo: ella da por sentado que el arte latinoamericano no existe. “Si un artista nació en Colombia, pero desde pequeño se fue a Europa y toda su obra está atravesada por sus vivencias en ese continente, ¿por qué van a etiquetarlo como artista latinoamericano?”. Los artistas que maneja —España, Grecia, Estados Unidos, México, Perú y Colombia— confluyen en las cuatro líneas de trabajo de su proyecto: la relación entre arte y arquitectura; la abstracción geométrica; instalaciones y esculturas elaboradas con materiales inusuales, como textiles; y la creación con medios digitales. “Yo no represento una galería de arte latinoamericano, lo que hago es conectar prácticas de gente con bagajes culturales diferentes y afinidades parecidas”.

Desde marzo de este año, Rincón Projects funciona en Estudio 74, un espacio de talleres en los que germinan proyectos interdisciplinarios, exhibiciones conjuntas y que sobrevive a punta de economía colaborativa. “Entre nosotros no podemos competir, necesitamos aliarnos para generar nuevos clientes, atraer coleccionistas y personas que visiten la casa. Si no, nadie se entera de lo que estamos haciendo”. En otro espacio que tiene la galería, ubicado en Cooperartes, funcionan residencias de un mes para artistas que viven fuera de Bogotá y de Colombia. Su apuesta para saltar al circuito internacional es hacer intercambios de exhibiciones con galerías que casen con sus líneas de trabajo y participar en ferias: “Si bien las ferias representan una gran inversión para las galerías autogestionadas (he pagado 2000 dólares por un espacio, más tiquetes, más hotel y no he vendido una sola obra), representan la mejor plataforma para acercarse a coleccionistas que difícilmente llegarán a nuestro espacio”.

Amazonia, 1975/2015, Jonier Marín, Henrique Faria Gallery.

Álex Mor, un colombiano que montó una galería en París hace siete años en sociedad con el francés Philippe Charpentier, cuenta que rehuyeron del rótulo tras dos años de operaciones. Al principio, exhibían con orgullo el hecho de ser la única galería de arte de la región en Francia. Esa especialidad les permitió entrar a las grandes ferias del mundo en cuestión de meses. “Los nichos son buenos para empezar, pero no tiene sentido continuarlos”, dice Mor desde París. Rompieron la vitrina de arte latinoamericano —ahora solo 12 de los 21 artistas que representan son de este lado del Atlántico— para insertar las obras en un contexto mundial. “La prácticas son locales, los mensajes son globales”. ¿Qué han logrado?

A pesar de haber conformado un programa de nicho —es conceptual, es experimental, es geopolítico—, Mor Charpentier, que estará presente en la sección Referentes de ARTBO, ha recibido una buena acogida de las instituciones, los coleccionistas privados y particularmente de las ferias, donde más vende. Catapultados por éstas y por bienales, la mayoría de los artistas con los que empezó —hoy no superan los 35 años— ya entraron al circuito internacional. Es el caso de Lawrence Abu Hamdan, un artista libanés que explora los efectos del sonido sobre los derechos humanos y que fue testigo de excepción en las audiencias de asilo político en Reino Unido. Hace cinco años su trabajo era un secreto a voces; ahora, con 32 años, hace parte de la colección permanente del MoMA, del Tate Modern y del Pompidou. Las ventas de Mor Charpentier son ejemplo de su internacionalización: su mayor comprador es Europa (40%), después viene Estados Unidos (25%), América Latina (22%) y Asia y Pacífico (10%).

Para Ana Sokoloff, el rezago del mercado latinoamericano se aplaca conociendo al circuito internacional. El proceso de formación pasa mientras las galerías montan y desmontan sus stands en las ferias: “En esa camaradería, en ese intercambio de experiencias se genera conocimiento”. Pero pasa, ante todo, por revisar los cimientos de sus programas. “¿Estoy llegando a los curadores y a las revistas que legitimarán mi concepto? ¿Necesitaré a un artista o a un historiador como recepcionista? Esa es la labor de una galería y si es insuficiente en el mercado, las casas de subastas tomarán sus roles. Eso está haciendo Sotheby’s: ayudar a los artistas para llegar a un mercado más amplio”.

*Periodista freelance. Colaborar del periódico El Espectador.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación