Serie XY, del artista Juan Moreno, ganador categoría Artes plásticas de Expresarte 2017,  de Idartes. Serie XY, del artista Juan Moreno, ganador categoría Artes plásticas de Expresarte 2017, de Idartes.

La política LGBT y el reto frente al VIH/sida

No tener una verdadera política de prevención del VIH genera problemas de salud pública, problemas con los derechos humanos de un sector de la población y también afecta económicamente las finanzas de la ciudad.

2018/02/20

Por Olga L González* París

He estado atenta a los procesos sociales que se desarrollan en mi querida Bogotá, y especialmente a los que tienen que ver con la población LGBT y demás siglas no conformes con el orden tradicional. Aprovecho esta edición de la revista Diez para exponer algunos puntos sobre los que, creo, es importante llamar la atención.

Pienso que el salto cualitativo que se ha producido en Colombia (siendo Bogotá la ciudad pionera) con la inclusión de la cuestión LGBT en la agenda pública es notable. (Y otro tanto puede decirse de la agenda dedicada a las mujeres).

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La “política de identidades” en esta ciudad, como en casi todas las capitales del mundo, ha anclado definitivamente, y pese a los miedos que puede generar en sectores de la sociedad educados con modelos conservadores, no tiene vuelta atrás. Uno se debería asombrar con la fuerza política y simbólica que ha adquirido algo relativamente marginal (numéricamente) como son las “identidades diversas”. De la misma manera, uno no deja de asombrarse con la liberación de la palabra de las mujeres en lo que respecta al abuso y al acoso sexual. Denuncias como las del movimiento #YoTambién no hubieran tenido el mismo impacto hace apenas unos cuantos años.

Todas estas manifestaciones sociales tienen que ver con un cambio profundo, con un cambio de estructuras. Es una revolución antropológica, una transformación del patrón de civilización, que no tiene nada que ver con las insurrecciones políticas, ruidosas y cortas (y a menudo, abortadas). Lo que está sucediendo en el mundo es un fenómeno de largo alcance. Para entender sus orígenes y trascendencia habría que recorrer la historia de las ideas y la historia del feminismo (pero esto merecería un número aparte de esta serie de Diez).

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Las manifestaciones de este cambio las he visto a diario. He visto cómo, en muchos sectores, incluso en los opositores, se ha abierto paso la idea de la diversidad sexual. Ahora es una variable con la que hay que contar en la vida social, familiar, y también política. Y me parece que, aunque hay fuertes resistencias al comienzo, las mentalidades cambian rápidamente. Hay que recordar, para el caso colombiano, que hace solo 50 años la homosexualidad era criminalizada.. Hace 30 años era imposible ser docente y homosexual. Hace 20 años, los colegios oficiales expulsaban a los estudiantes homosexuales. Nada de esto es ya posible. Por el contrario: hoy, la homofobia es criminalizada. En muchos ámbitos donde el tema era tabú (medios, familia), hoy se discute sobre ello. Las opiniones ya no son unánimes. Incluso entre los opositores a los derechos de los homosexuales, he observado que nadie quiere que se le califique de “homófobo”.

Sé bien que Bogotá ha sido la ciudad más a tono con estos cambios. Desde hace años, he visto encuestas que muestran que es la ciudad colombiana con mayor aceptación de la diversidad sexual (así, en el 2010, el 63% de los bogotanos eran favorables al matrimonio homosexual, muy por encima de otras grandes ciudades). Sé que esta es también la ciudad colombiana donde más pronto se dio el reconocimiento legal e institucional para la población LGBT.

He estado en los Centros de Atención Integral a la Diversidad Sexual, CAIDS, de Bogotá al momento de su apertura. He visitado estos espacios, al principio vacíos; luego, he visto cómo aumentan sus actividades, cómo son decorados por l@s usuari@s, cómo se vuelven lugares de referencia. He podido enterarme del funcionamiento de las redes de apoyo, primordiales para una población que es a menudo marginalizada por su entorno más cercano. He conversado con sus directores y con miembros de organizaciones, para los que estos son espacios de referencia.

Los testimonios de los que hayan seguido el día a día de estos lugares podrán referir la riqueza y novedad de estos espacios (actividades culturales, acompañamiento social, información sobre derechos, etc.). Me interesa, en este artículo, resaltar un punto que considero tiene menor visibilidad y sobre el que la política distrital (y nacional) creo que debería estar más atenta.

En los apartados que siguen me quiero referir a aspectos relacionados con la salud, y concretamente con la política pública referida a la prevención del VIH y del sida. Primero, es preciso hacer algunas aclaraciones, pues algún lector no familiarizado con el tema podría creer que se está creando una asociación entre el VIH /Sida y la población LGBTI, siendo que esta población sufre ya bastantes discriminaciones.

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En primer término, es fundamental tener en cuenta los conocimientos científicos que se tienen sobre el virus y la enfermedad. Hoy en día, la epidemia está concentrada en algunas poblaciones, y dos de ellas pertenecen al colectivo LGBT: los “hombres que tienen sexo con hombres”, HSH (esta categoría incluye a hombres bisexuales y a hombres que no se dicen “gais”), y las “mujeres trans”, MT (las personas transgénero de sexo masculino al nacer y femenino en el presente). En estos grupos los niveles de seropositividad son muy elevados. Para Bogotá, son del orden de 17% (HSH) y 20% (MT). En contraste, la prevalencia es del 0,5% para el resto de la población bogotana entre 15 y 49 años.

Esta concentración en los HSH y las MT no es exclusiva de Colombia. Se observa en otros países del mundo y tiene que ver con discriminaciones estructurales, dificultad de acceso al sistema de salud, bajo acceso a los preservativos, estigma, mínimo conocimiento de los comportamientos sexuales de riesgo, vulnerabilidad social, machismo, etc. Un conjunto tan vasto de factores supone que se deben llevar a cabo programas muy ambiciosos para contrarrestar la situación de la población compuesta por los HSH y las MT en lo que respecta al VIH.

Ahora bien, no es posible esperar a tener resueltos todos estos ítems para mejorar la situación. Desde ahora es posible y necesario tomar medidas relativamente sencillas, y de probada eficacia. La experiencia de otras capitales que también tienen agendas LGBTI inclusivas puede ser inspiradora.

Conozco el trabajo que se hace en dos ciudades, París y Madrid. En ambos casos, los HSH y las MT son objeto de políticas de prevención del VIH/sida específicas. En estas ciudades hay, además, atención especial a las comunidades migrantes. ¿De qué se tratan estos programas específicos?

Se trata, en primer lugar, de proponer de manera fácil (y gratis) las pruebas del VIH. No saber que se es portador es correr un riesgo con su propia salud y con la de otros. Onusida propone como meta para el año 2020 que el 90% de las personas infectadas por el virus conozcan su estado. Muy contrario a esta meta, la Secretaría de Salud de Bogotá estima que el 30% de las personas seropositivas ignoran que lo son.

En Bogotá, no es fácil para esta población acceder a la prueba del VIH. Además, no existe una política pública que de manera sistemática permita hacer el test. El primer obstáculo es acceder a la información sobre dónde hacerse la prueba en Bogotá. Una búsqueda en Internet lo muestra: la información es escasa, casi nula. Pocos saben que hoy en día se puede ir a cuatro hospitales bogotanos. Pocos saben que, ocasionalmente, existen –pero no de manera permanente– programas financiados por organismos internacionales (como el Fondo Mundial/Fonade). Las organizaciones comunitarias allí involucradas hacen una gran labor con estas campañas puntuales, pero esto no es una política integral de prevención.

En contraste, en la aglomeración de Madrid (6,5 millones de habitantes) hay 37 dispositivos para realizar la prueba, ubicados tanto en entornos clínicos como no clínicos: las ONG, las unidades móviles o los centros municipales de salud. Varios están situados en zonas de alta prevalencia de infección.

También, en contraste, en la ciudad de París, destino de muchas mujeres trans latinoamericanas, existen cuatro ONG dedicadas a estas personas, con empleados hispanohablantes que las orientan en sus gestiones. Muchas otras ONG proponen el test de forma gratuita, así como centros de salud y hospitales.

Un punto importante es que en estas dos ciudades no se requiere estar en condiciones de regularidad de estadía para acceder a las pruebas o al sistema sanitario en caso de ser seropositivo. De hecho, much@s migrantes colombian@s han podido acceder a pruebas y/o tratamientos aun siendo irregulares.

En Colombia, las personas que están en condiciones de irregularidad no tienen este derecho. Con la llegada de migrantes venezolanos y los límites del Permiso Especial de Permanencia se avizoran dificultades adicionales para el diagnóstico precoz (esto lo saben bien las organizaciones que realizan actualmente el programa del Fondo Mundial/Fonade en las localidades: no pueden atender a venezolanos “ilegales”).

No tener una verdadera política de prevención del VIH genera problemas de salud pública, problemas con los derechos humanos de un sector de la población y también afecta económicamente las finanzas de la ciudad. Acá, como en tantos otros campos, resulta mucho más costoso curar o realizar el tratamiento que facilitar el acceso a los test.

En suma, la política LGBT de Bogotá ha abierto un campo para las minorías sexuales y de género. No se puede hablar aún de una ciudad que acepte plenamente estas formas de vida y de ciudadanía. Todos sabemos que subsisten resistencias y discriminaciones, pero a veces olvidamos qué tan rápido han evolucionado las cosas. Además, podemos tener plena confianza en que seguirá habiendo avances. Nadie puede oponerse durante mucho tiempo a su propia era generacional. Y a nadie le gusta ser tildado de arcaico o de homófobo.

Los dispositivos institucionales han tenido un papel importante. Resta que la salud debe hacer parte central de esta agenda LGBT. En este escrito hemos llamado la atención sobre los mecanismos más directos para realizar prevención en torno al VIH, y en especial el acceso a las pruebas, para mejorar el diagnóstico. Por supuesto que otros puntos, como el acceso fácil y económico al preservativo y a los antirretrovirales, la educación sexual en los colegios, la sensibilización del cuerpo médico hacia esta población, los talleres para hablar sobre estos temas, así como las campañas educativas contra la discriminación a personas seropositivas deben también hacer parte del dispositivo. En suma, Bogotá puede y debe enfrentar el VIH con todo el rigor.

Aquí puede leer todos los textos de Diez

*Ph.D en Sociología de la EHESS de París. Sus investigaciones actuales versan sobre cuestiones de género, migraciones y VIH/sida. Contacto: olgalu@free.fr

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