María Sonia Cristoff creció en la Patagonia, una palabra que en el imaginario evoca otras como “el interior”, “fin del mundo” y “desierto”. Esta escritora, sin embargo, siente que escribe desde la periferia: no desde el punto de vista geográfico o político, sino desde el punto de vista formal. Su escritura híbrida, asegura, es una escritura periférica.

María Sonia Cristoff: escribir desde la periferia

María Sonia Cristoff creció en la Patagonia, una palabra que en el imaginario evoca otras como “el interior”, “fin del mundo” y “desierto”. Esta escritora, sin embargo, siente que escribe desde la periferia: no desde el punto de vista geográfico o político, sino desde el punto de vista formal. Su escritura híbrida, asegura, es una escritura periférica.

2018/04/17

Por María Alejandra Peñuela* Bogotá

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"Pero la Pequeña Bulgaria de mi abuelo no pudo evitar, como se ve, que se infiltrara en ella el aislamiento, uno de los rasgos más marcadamente patagónicos. Yo de chica, como tantos exploradores europeos en la Patagonia, veía muy bien ese aislamiento: para ellos había significado la posibilidad de extender sus dominios, para mí la de estar en un lugar donde la rutina se subvertía: […]”.

María Sonia Cristoff (1965) creció en Trelew, una ciudad situada en el noreste de la Patagonia. Su padre también creció allí, rodeado por una comunidad búlgara que contribuyó con el proyecto de la patria refundada en el territorio argentino. Su abuelo había trabajado para construir su “propia Bulgaria”, y lo había hecho con tal grado de meticulosidad que Cristoff define esa reconstrucción como clones perfectamente logrados: había replicado los animales, los ritmos de las cosechas, el yogur de su abuela y hasta las revistas en caracteres cirílicos. Su abuelo, sin embargo, no había logrado escapar al aislamiento que inunda todo lo patagónico. Para Cristoff, más allá de su historia personal, ese aislamiento está presente en todo lo que ha leído y traducido de su tierra natal. Las preguntas sobre este rasgo marcaron el punto de partida de Falsa calma (2005), que reúne crónicas de pueblos fantasma de la Patagonia.

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Falsa calma es un libro tan híbrido que Cristoff lo presenta en algunas ocasiones como novela y en otras como crónica, según la hora del día. Es un libro que habla sobre la privatización de las empresas petroleras en los años noventa en Argentina, pero se centra más en las historias cotidianas de las personas que habitan estos pueblos fantasma que en la investigación periodística sobre las implicaciones sociales y políticas del fenómeno de la privatización. No es un libro al margen de la política, pero la crítica económica y social de la crisis se presenta de una manera orgánica y en paralelo a una narración de lo íntimo y de lo micro. Se genera así una línea difusa entre lo público y lo privado. Cristoff siempre, en cada una de sus narrativas, explora esas líneas divisorias y, como si fuera un proyecto de su escritura, busca intervenir, cuestionar y subvertirlas.

“Yo creo que lo público y lo privado están entremezclados”, dice Cristoff. “Creo que realmente cada acto privado tiene un acto político y en esa medida ingresa en la esfera de lo público. Como narradora, a mí realmente me importan y me atraen las historias de las personas. Si estoy en un restaurante, me pongo a mirar a la mesa de al lado y soy capaz de crear toda una configuración de una pequeña novela familiar: quién odia a quién, por qué existe una tensión, quién desea al otro. Permanentemente me gusta mirar a la gente y escucharla porque me parece un material narrativo interesante, y creo que en todas esas pequeñas escenas cotidianas hay algo muy público”.

Desde los años ochenta, Cristoff se mudó a Buenos Aires y dejó su ciudad natal en la Patagonia; dos décadas después regresó a este territorio con la pregunta por ese rasgo decididamente patagónico: el del aislamiento. Su pregunta la llevó a visitar desde pueblos minúsculos en donde no pasa nada, excepto un colectivo que a veces ni siquiera hace su parada obligatoria, hasta ciudades más grandes en las que lo fantasmagórico es una secuencia de suicidios adolescentes que se toman el control del lugar. En toda esta investigación el papel de Cristoff como narradora se vuelve una fuente de tensión interesante y una dualidad innegable. Cristoff narradora actúa como invasora de estos pueblos, de estas vidas y de estas narraciones, pero, por otro lado, ella también hace parte de esa masa que intenta definir, o que por lo menos estudia con curiosidad. Aquí, como en otras de sus narrativas, ella busca desdibujar las líneas que dividen al narrador de su objeto de narración.

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Con esto se produce lo que Cristoff llama “la voz bifronte”: una colectividad de voces que contagian la suya propia hasta que se vuelven una sola homogeneidad, imposible de diferenciar. “Para mí la narración híbrida es una manera de sacarle la autoridad a la voz del cronista. Este es un libro que muy claramente trabaja en la línea de la no ficción, la crónica y la crónica de viaje, y si hay una cosa que me molesta muchísimo de cierta línea de la crónica es tener a ese cronista que siente que va a cambiar la historia del mundo porque va a darle voz a los que no la tienen. De alguna manera esta fue una forma de decir que esta primera persona no tiene ninguna autoridad sobre los demás, ni siquiera la autoridad para decir ‘doy voz’ o ‘dejo de darla’. Para mí el tema era cómo escribir un libro de no ficción, una crónica, y no empezar a decir ‘Bueno, acá por una parte habla la cronista y por otra hablan estos pobres desquiciados que viven en estos pueblos horribles’. Una forma de resolver ese problema, me parece, es con el discurso entremezclado e híbrido”, dice Cristoff. “También está el tema de las jerarquías. Quería que fueran un poco más cambiantes. No me gusta esa cosa patronal del cronista buena persona que va a hacer un bien, cuando en realidad el único bien es para sí mismo, porque encontró material para un libro”. De ese modo, en Falsa calma la autora logra deslindarse de ese paraíso aparentemente dócil y apacible de la Patagonia, para calar en los vicios y en los fantasmas de los que allí habitan.

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Para ella narrar desde la Patagonia y sobre la Patagonia no implica narrar desde la periferia. “La palabra ‘periferia’ me deja un poco pensativa”, dice Cristoff. “Hay muchas versiones de la periferia que están siempre definidas de acuerdo a algún otro”. Cristoff no ve su literatura como deliberadamente contestataria, pero asegura que para ella escribir es indagar sobre ciertas cuestiones del mundo, y en esa curiosidad y no conformismo de su escritura es que entiende escribir desde una periferia: “En cuanto a la forma, me siento totalmente periférica, si así vamos a llamar escribir por fuera del claro paradigma establecido”, argumenta. “En ese sentido tengo una alergia a las formas narrativas tradicionales.”

El ocio como protesta

Desubicados (2006) e Inclúyanme afuera (2014) son dos novelas en las que ese deseo por explorar las formas híbridas y camaleónicas de este género se hace evidente. Desubicados es una novela corta que forma parte de una colección llamada In situ, para la que convocaron a una serie de autores y les pidieron que escribieran a partir de un lugar que les interesara. Cristoff eligió el zoológico. Y era tal su obsesión por ese lugar que cuando viajaba solo visitaba zoológicos y cementerios. La novela presenta un personaje que, agobiado por la vida urbana y en especial por unos vecinos que con sus gemidos y gritos durante el sexo no la dejan dormir, se retira al zoológico: el único lugar que le permite abstraerse de su realidad y entrar en un estado de ocio.

“A Head or Tail—which does he lack?

I think his Forward’s coming back!

He lives on Carrots, Leeks and Hay

He starts to yawn—it takes All Day—

Some time I think I’ll live that way.

Theodore Roethke, The Hippo.

“Creo que el hipopótamo es un animal muy bien capturado por este poemita de Theodore Roethke. Con esa imagen del hipopótamo entro en contacto con otro de los temas a los que siempre vuelvo, el ocio; pero no pensado como un lujo para unos pocos o una industria, sino el ocio como modo de decir no, como rechazo a las exigencias del mundo. De hecho, el poema de Roethke hace referencia a eso, a alguien que sueña con vivir como un hipopótamo y piensa que algún día podrá hacer eso: mirar al sol, bostezar y no hacer nada más”.

El poema llevó a Cristoff a pensar la historia de los zoológicos como una forma de entender la historia de la humanidad; la llevó a pensar en la ambición humana, en su deseo por colonizar y controlar todo aquello que no conoce, que define como extraño. “En Europa ya sabemos cómo empezaron los zoológicos”, dice Cristoff. “Eran una forma de guardar las especies que llevaban capturadas de las colonias, incluyendo especies humanas”. Esta necesidad por conocer y colonizarlo todo no es ajena a las divagaciones del personaje principal en Desubicados, que en su imposibilidad de controlar su realidad se esconde en el mundo animal tratando de entenderlo y de encontrar, en ese entendimiento, algo de control.

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Inclúyanme afuera también es la historia de una mujer que se aleja de su vida urbana. Deja todo para irse a trabajar a un pueblo, haciendo algo que, a lo Bartleby, prácticamente no requiere de ninguna habilidad. Adopta una vida callada, se propone hablar lo mínimo posible y no preguntar en lo absoluto. En el caso de Mara, la protagonista, callar se convierte en su forma de protesta ante una vida que la obliga a hablar, a generar opiniones sin reflexión y a participar en una perpetua generación de acciones que no cesan. El callar tal vez no le da a Mara poder, pues como lo menciona Cristoff, ella no escribe personajes en posiciones de poder porque es justamente una de las configuraciones que busca cuestionar, pero sí le permite alejarse de las imposiciones del mundo y decir: “Yo, frente a este estado de cosas, no me sumo”.

En su vida Cristoff parece adoptar una forma similar de protesta: no se suma a la presión de aparecer en todos los eventos, de hablar constantemente, de participar en todas las redes sociales, de prestar su cuerpo y su firma a cuanto evento literario se inventan. Ella parece seguir el modelo de sus protagonistas al cuestionar las estructuras depoder, las convenciones en los ámbitos políticos y literarios, y las presiones sociales de la vida contemporánea. Cristoff muestra una vez más que la línea entre la ficción y la no ficción se puede romper y que, como ella asegura, se puede generar literatura mientras uno se cuestiona.

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*Literata con maestría en Escritura Creativa.

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