Toma de una presentación de la videoinstalación Bocas de ceniza (2003-2004), de Juan Manuel Echavarría Toma de una presentación de la videoinstalación Bocas de ceniza (2003-2004), de Juan Manuel Echavarría

La vida en el hormiguero

#ColombiaEsNegra | “Arte para la paz” o “cultura para la paz” son enunciados que pueden ocasionar desastres, porque el arte suele ser disruptivo, crítico, inconforme. Pero en Colombia, un tejido de víctimas, gestores, comunidades y artistas muestra que hay una vida cultural persistente que entrelaza el pasado del sufrimiento con el futuro de la convivencia. Un ensayo.

2018/07/24

Por Germán Rey*

Recuerdo haber leído en un texto de Norberto Bobbio que en la pareja guerra-paz el término más atractivo es el de la guerra. Sospecho que en principio ocurre algo semejante con casi todos los adjetivos, si no todos, que se les suelen añadir al arte y a la cultura. Inclusive aquellos que son fieles a las clasificaciones de la historiografía y que buscan diferenciar, por ejemplo, a los movimientos artísticos. Esos términos terminan siendo tan ilustrativos como terriblemente injustos: ¿hay un arte realista, un arte simbolista o un arte pop? Los intentos de clasificación nacieron, como lo escribe Foucault en ‘Las palabras y las cosas‘, en el tiempo de la episteme del cuadro, que emparentó a Linneo con la teoría del valor y la lingüística comparada. El orden clasificatorio ayuda a organizar, pero es también un coto cerrado, por fuera del cual queda lo mejor de un artista o lo más sugestivo o enigmático de una obra artística.

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