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Novela

Las mejores obras de ficción de la Feria Internacional del Libro de Bogotá de este año.

2018/04/17

Por Revista Arcadia

Este artículo forma parte de la edición 151 de ARCADIA. Haga clic aquí para leer todo el contenido de la revista.

Solenoide de Mircea Cartarescu (Impedimenta - 800 páginas)

Por Pedro Carlos Lemus

Un profesor y escritor frustrado es el narrador de Solenoide, el más reciente libro del escritor rumano Mircea Cartarescu, que se publica traducido al español por Marian Ochoa de Eribe. La novela se muestra como un recuento de anomalías y un diario del fracaso. Es una declaración de amor y un reclamo furioso a la literatura, y es, en últimas y también en principio, la revancha de un escritor –el narrador– luego de que su ambicioso poema de juventud fuera rechazado por la crítica. En Solenoide una cosa se vuelve otra y lleva a otra. El narrador da cuenta de anécdotas de la infancia y la juventud, relata su presente, y deambula entre reflexiones, espejismos y sueños. A ratos es un observador perspicaz y en otros resulta cursi y afectado; su soliloquio existencial es repetitivo hasta el tedio. Sin embargo, la narración, en ocasiones delirante y casi siempre melancólica, reúne pasajes notables y ocurrencias fascinantes, como la existencia de una secta que protesta en contra de la vejez y la muerte. “¡Abajo el sufrimiento!” y “¡Sí a la vida eterna!”, se lee en algunas de sus pancartas. El narrador reconoce no ser nada, no tiene ambiciones ni necesidades. Sin embargo, en la extensa y detallada narración se lee entre líneas el optimismo y la determinación: se lee la fe. Entre el desasosiego y la destrucción, aparece la oportunidad de redención. Si se logra o no, lo decide el lector, si acaso no está muy exhausto para tomar una decisión.

Moronga de Horacio Castellanos Moya (Literatura Random House - 336 páginas)

Por Hugo Chaparro Valderrama

El escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya tiene dos velocidades: la de las acciones, que arrastran a sus personajes hacia un destino inevitable, y la de su lenguaje narrativo. A su rapidez literaria se agrega la herencia de la guerra civil que hizo de El Salvador un campo de batalla desde los años setenta hasta los noventa. Su última novela, Moronga, repasa el caos de la tragedia, que no cesa del todo en una paz incierta, opacada por la paranoia, las venganzas y la incertidumbre de los excombatientes perseguidos por sus víctimas. Las dos primeras partes de Moronga, “Zeledón” y “Aragón”, y la tercera, “Epílogo”, un largo informe policial en el que se revela parte del misterio, están matizadas por las estrategias de supervivencia que tienen los inmigrantes salvadoreños en Estados Unidos y su forma de resolver los dilemas de un pasado oscuro y del presente donde nadie vale nada. Nadie, ni siquiera un poeta como Roque Dalton, asesinado a mediados de los setenta por sus camaradas cuando lo acusaron de ser un agente doble al servicio de la CIA; un caso que hace parte de la historia salvadoreña y de los equívocos de la guerra, evocados por Castellanos Moya para que sus lectores evitemos la amnesia.

Dejarás la tierra de Renato Cisneros (Seix Barral - 339 páginas)

Por Martín Franco

Después de La distancia que nos separa, una novela en la que explora la compleja relación con su padre –Luis Federico Cisneros, un férreo militar del ejército peruano durante los años más duros de Sendero Luminoso–, el escritor y periodista Renato Cisneros decidió continuar hurgando en el ámbito familiar, indagando a fondo en las raíces de sus antepasados. El resultado es Dejarás la tierra, una nueva novela editada por Seix Barral en la que, mezclando la reportería periodística con las técnicas de la ficción para llenar los vacíos que permanecen insalvables, da cuenta de tres generaciones de Cisneros: sus tatarabuelos (un cura y una mujer enamorados que pasaron el resto de la vida ocultándole la verdad a la sociedad y a sus múltiples hijos); su bisabuelo, que vivió varios años en Europa; y su abuelo, poeta y periodista como él mismo. Aunque su prosa es limpia y envolvente, y la historia está llena de pasajes conmovedores, quienes hayan leído La distancia que nos separa no podrán evitar sentir que la deuda familiar ya había quedado saldada –y vaya si de manera emotiva– en esa primera entrega. Y que esta, aunque entretenida, no deja de ser una búsqueda tan íntima que a cualquier lector ajeno le costará un poco más asumir como propia.

Zama de Antonio Di Benedetto (Adriana Hidalgo - 294 páginas)

Por Sara Malagón Llano

Es 1790. Diego de Zama ha servido por 14 meses a la administración española, lejos de su esposa y sus hijos, en un lugar de Paraguay gobernado desde la lejana y prometedora “Buenos-Ayres”. Zama es el segundo al mando de un gobernador español. Como criollo, ya no puede aspirar a más. Ha solicitado una transferencia, y sueña con la carta del virrey que la autorice. Pero esa carta nunca llega. “Para los europeos (...), incluso para él, América carece de realidad. Es una llanura sin distintivo, en cuya vastedad se pierde”, escribe Coetzee en “A Great Writer We Should Know”. Zama es justamente el drama de los nacidos en América que se sienten europeos. El libro de Di Benedetto, además, retrata el otro lado: no la historia de los conquistadores, ni la de los conquistados, sino la de los criollos; y no como aquellos que tienen más privilegios que los indígenas y negros; tampoco como los héroes que buscaron la independencia. Zama es sobre los que están en la mitad: los nadie, los sin futuro, atrapados en la violenta virginidad del Nuevo Mundo, a la espera de algo que nunca llega. “El pasado es una sarta de lugares comunes”, le dijo la directora Lucrecia Martel a esta revista. Pero Di Benedetto miró justamente un pasado inexplorado y lo encarnó en un personaje magistral: Diego de Zama, una voz orgullosa y grandilocuente. Entre sus magnas palabras se asoma el patetismo de quien busca una aventura en cada gesto, en cada cosa en medio del desierto, de la desesperación. De ahí surge la compasión de los lectores. Gracias a la película de Martel, esta novela olvidada por tanto tiempo ha vuelto a nosotros.

Las venas del océano de Patricia Engel (Alfaguara - 427 páginas)

Por Sara Malagón Llano

Vida, el segundo libro de Engel, y Las venas del océano, el tercero, se parecen: las narradoras viven en Estados Unidos y son hijas de inmigrantes colombianos; ambos universos están mediados por la mirada y la palabra ingenua, marginal, y a la vez astuta de esas jóvenes, que parecen haber sido expulsadas en el mundo para sortear hostilidades y abrirse camino a la fuerza. Y en ambos libros aparece, además, el cuestionamiento de la imagen estigmatizada del inmigrante latino en Estados Unidos. Vida es un libro de cuentos atravesados por las preguntas sobre el origen y la pertenencia. Transcurren entre los aconteceres normales en la vida de Sabina –una adolescente estadounidense de padres colombianos que está creciendo– y la sociedad como aquello que determina –y a veces no tanto– las experiencias y las relaciones con los otros. Las venas del océano es en cambio una novela narrada por Reina, una colombiana que vive en Estados Unidos, cuyo drama es tener preso a su querido hermano Carlito por cometer un crimen imperdonable. Pero los terribles hechos importan menos que lo que pasa adentro, lo que no se ve, lo que no es evidente: la humanidad. En esta novela reaparece, pero con más fuerza que en Vida, la relación inconsciente y peligrosa entre las palabras “inmigrante” y “maldad”. Ese es el corazón de Las venas del océano, una novela por y para estos tiempos.

Space Invaders de Nona Fernández (Laguna Libros, Eterna Cadencia - 84 páginas)

Por Ignacio Mayorga Alzate

La novela de Nona Fernández es un esfuerzo coral por recomponer la memoria de una infancia en medio de la dictadura chilena. Apoyándose en distintos narradores, Space Invaders trata de dar forma al retrato desdibujado de Estrella González, hija de un carabinero implicado en una serie de masacres del régimen y alumna de un liceo en el que, durante la década de los ochenta, se educaron los narradores del relato. El pasado aparece como una dimensión del presente y se manifiesta a través de sueños, fotogramas e imágenes, del tiempo en común de Estrella con sus compañeros de curso. La rememoración sirve también para entender cómo se vivían y se entendían las lógicas sociales desde la mirada del niño y del adolescente. Estrella va tomando forma a través de un conjunto de versiones: alguno sueña con su voz, otro con su olor a chicle; alguno recita en sueños las cartas que se pasaban de pupitre a pupitre y otro recuerda la ominosa mano de madera de su amenazador padre o la consola de Space Invaders con el puntaje máximo fijado por el fallecido hermano de Estrella. Así, uniendo las imágenes de esta antigua compañera, el grupo de voces trata de hallar un sentido a esta serie de momentos que codificaron su infancia para entender su presente: imágenes que parecen a veces lejanas como un sueño y, otras, un laberinto de pesadilla del que no se puede escapar.

El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y Cándido de Voltaire (Angosta - 184 páginas; 191 páginas)

Traducción de dos clásicos

Este año, dos autores colombianos presentan sus propias traducciones de dos grandes obras de las letras universales. Juan Gabriel Vásquez –quien recientemente recibió el premio Casino da Povóa por La forma de las ruinas (2016)– traduce El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, un libro que leyó por primera vez hace 20 años y cuya traducción, según afirma el propio Vásquez en el prólogo de esta edición, “ha sido el pago de una deuda largamente diferida”. Y Héctor Abad Faciolince, autor de  El olvido que seremos (2006), presenta su traducción de Cándido del filósofo francés Voltaire: “Todo mi esfuerzo se ha dirigido en darle a este libro maravilloso la misma voz sencilla y clara, coloquial y rápida, irónica y risueña, con la que fue escrito hace dos siglos y medio. No sé si lo he logrado o no, pero el solo hecho de intentarlo ha sido una delicia”.

Septimania de Jonathan Levi (Rey Naranjo - 438 páginas)

Por Ana Gutiérrez

Septimania narra una historia de amor. Bueno, más bien, la historia de un mítico reino perdido. No, mejor, es una oda a las artes y a la literatura clásica. O todo lo anterior. Esta novela desafía una categorización simple para crear un mundo complejísimo pero a la vez familiar. Es, quizás, el equivalente literario de la estética de un cineasta como Wes Anderson: una realidad irreal poblada por personajes excéntricos que todavía son entendibles. El libro se centra en Malory, un afinador de órganos que por casualidad conoce y se enamora de Louiza, una genio matemática que sufre de dislexia. En medio de sus esfuerzos por reencontrarse con ella, Malory descubre que él es el heredero de Septimania, un reino antiguo (que no es invención del autor) entregado por Carlomagno a los judíos. Con esa premisa, Levi retrata 50 años del reinado clandestino de Malory, su búsqueda por su amada y por el significado de la vida, marcado por la física teórica y eventos tan desgarradores como el ataque del 11 de septiembre en Nueva York. Septimania es, a su manera, una carta de amor a la historia, la ciencia y la música, pero también al amor mismo y todas sus manifestaciones. También se podría tildar de demasiado compleja, pretenciosa y ridícula, pero es, aun en sus momentos más extraños, un viaje suficientemente divertido para que esas cosas no importen. Levi invita a aceptar el reto de leer un libro insólito y aceptarlo como es. Vale la pena hacerlo.

El hijo de mil hombres de Valter Hugo Mãe (Tragaluz - 183 páginas)

Por Felipe Cammaert

El hijo de mil hombres cuenta la historia de una peculiar familia que se forma cuando Crisóstomo, un pescador, responde al llamado de la paternidad y adopta a un hijo huérfano en un pueblo costero al norte de Portugal. La novela puede ser leída como una fábula sobre la (bondadosa) humanidad en una sociedad rural que, infelizmente, todavía condena las diferencias. Los capítulos, que funcionan como cuentos, reflejan el poder de la literatura para, de alguna manera, ajustar cuentas con la vida. En palabras de Valter Hugo Mãe, este libro es el cielo adonde van las personas buenas después de pasar rápidamente por el infierno y el purgatorio. El hijo de mil hombres es, pues, un libro sobre la felicidad. En una entrevista concedida cuando se publicó la novela, el escritor portugués afirmó: “Esta vez hice un pacto de no-agresión con Crisóstomo, y me comprometí a hacer todo lo posible para que él fuera feliz”. La relación entre las criaturas y su creador, el escritor, es tan íntima que todo el universo familiar de la novela (el modo de hablar de los personajes, el tono de voz y el lenguaje) es muy próximo de la biografía de Mãe. Así pues, a la par de la escritura, una edición muy cuidada (rasgo distintivo de Tragaluz), una excelente traducción y unas ilustraciones cuya sensibilidad y fuerza recrean con justicia el tono y el tema del libro, hacen de El hijo de mil hombres un precioso objeto de alegría.

El mundo no nos necesita de Álvaro Robledo (Seix Barral - 196 páginas)

Por María Fernanda Cardona Vásquez

El mundo no nos necesita, la última novela de Álvaro Robledo, explora lo único que sabemos con certeza: que vamos a morir. Mari Sibila es nuestra protagonista, una mujer que ha pasado los 60 años y que se niega a ser lo que otros esperan de ella. Abandonó a su hijo cuando era bebé, no cree en la familia ni en el trabajo, mucho menos en la felicidad, y su fin en el mundo es la muerte: de ella, de su hijo y nieta, de todos los humanos, porque vivos estamos dormidos y solo despertaremos cuando seamos libres, cuando nuestra conciencia sea lo único que quede. La novela de Robledo es una apuesta por una narración con pocas acciones y muchas reflexiones por parte de los protagonistas. Es una disertación sobre la poca claridad de la razón y la verdad del ocultismo, sobre lo absurdo que es buscar a Dios, el amor y la felicidad, pero además es una burla hacia la esperanza, que es más colombiana que la lechona. Sin embargo, eso no hace que Mari Sibila esté inmune a momentos alegres y a la calidez de la vida familiar, pues su hijo la encontró en una finca vieja de Paipa y decidió ir a conocerla. Pero “La felicidad aturde”, se dice Mari Sibila, y “Para superar la muerte tenemos que dejar el supuesto amor por la vida y solo vivir” porque, en definitiva, el mundo no nos necesita.

Los Divinos de Laura Restrepo (Alfaguara - 248 páginas)

Por Lariza Pizano

Impresión. Esa es la sensación que causa la nueva novela de Laura Restrepo, Los Divinos, en la que describe el entorno social que rodea al autor de un feminicidio. A pesar de los nombres ficticios de los lugares, los restaurantes, el colegio y el homicida, y del cambio de rumbo de la historia después de consumado el crimen contra una menor de siete años, es evidente que la narración recrea un trauma bogotano: aquel del cual fue víctima la pequeña Yuliana Samboní, que a finales de 2016 fue secuestrada, torturada y violada por Rafael Uribe Noguera, condenado a 70 años de cárcel. La historia de Yuliana se incrustó en la memoria urbana por cuenta de las diferencias sociales entre víctima y victimario, así como por el salvajismo del ataque. Si fue educado en un colegio tradicional de la ciudad, su familia es prestante, vive en un buen barrio, es yuppie y sale en las páginas sociales, entonces, ¿en qué momento se convirtió en un monstruo? Esa pregunta circulaba en todos los corrillos de la sociedad bogotana cuando Yuliana fue asesinada, y es planteada por uno de los grandes amigos que hace parte del grupo de “divinos” que rodean al “muñeco”. Una figura que genera rechazo y odio, pero que también despierta reflexiones acerca de las oportunidades y el autocontrol social. “¿Qué le pasó?” fue el interrogante que más se repitió en Bogotá a finales de 2016 y al que Laura Restrepo responde en su bogotanísima novela.

Después de la ira de Cristian Romero (Alfaguara - 136 páginas)

Por José Vicente Guzmán

La primera novela del colombiano Cristian Romero gira en torno al tema de la tierra. La tierra como el único lugar en el que Samuel Roldán, un hombre que ha vivido toda su vida en el campo, se ve (y se entiende) a sí mismo como una persona útil y completa. La tierra como ese tesoro codiciado por una multinacional. La tierra como la representación de un pasado espléndido que se marchita poco a poco, a la par que la vida de su propietario. Romero, quien hasta ahora solo había publicado el libro de cuentos Ahora solo queda la ciudad (2016), logra crear un ambiente apocalíptico en San Isidro, un pueblo imaginario con un calor sofocante, con cultivos que se secan y no crecen, con animales que mueren de repente, con personas que se enferman al respirar lo que hay en el aire y con una plaga de langostas que amenaza con acabarlo todo. “Es eso que le echan a las tierras”, repiten constantemente, resignados, varios personajes. Y aunque la esperanza parece perdida, Samuel es el único que no se rinde. Se niega a venderle su tierra a la multinacional, intenta mantener unida a su familia, busca darle un futuro a su hija aunque el amor y la paciencia de su esposa se estén acabando (al igual que la tierra y el aire), y evita irse para la ciudad, donde no sería nadie. Con un relato que salta entre el pasado y el futuro, este escritor de 30 años logra hilar una historia muy actual, y tan bien escrita que engancha desde el primer capítulo.

Obra Reunida de Juan Rulfo (Eterna Cadencia - 334 páginas)

Por Andrés Páramo Izquierdo

Antes que en la obra, pienso en Juan Rulfo. Pienso en el hombre hermoso, de palabras arrastradas llenas de mexicanismos, que dedicó los años largos de su vida a tomar fotos de extensos desiertos y a trabajar en el Instituto Nacional Indigenista de México para dejar editada una colección antropológica sobre culturas de otros tiempos.Las 300 páginas que comprenden su obra se limitan geográficamente a la región del llano que lo vio nacer. Las elaboraciones posteriores, que decantan en personajes poderosos y universales, toman forma una vez el entorno queda definido. En los relatos y novelas de Rulfo, como en sus fotos, el paisaje es predominante: la tierra se manifiesta, toma acciones, es protagonista. Hay conflictos brutales de campesinos (inocentes, violentos, desalmados y nobles) llenando las páginas del libro de relatos El Llano en llamas. Hay una fuerza destructora, la de Pedro Páramo, cuya figura inmensa tiene la capacidad de convertir al pueblo de Comala en un reguero de fantasmas que deambulan por el resto de los días. Y hay un retrato breve de la codicia, de sus tentáculos invisibles, en la novela corta llamada El gallo de oro. Cada libro está escrito de forma magistral, pulcra, con un cuidado del lenguaje como si este fuera una reliquia invaluable y no una herramienta. Como si fuera una joya que se pule y se pule para ser apreciada en el futuro. Juan Rulfo hizo en vida lo que pocos: preservó eso que fuimos.

Lejos de Ghana de Taiye Selasi (Salamandra - 352 páginas)

Por Sara Malagón Llano

Lejos de Ghana, la primera novela de Taiye Selasi, se publicó, en su versión original en inglés, en 2013, cuando la discusión de un término que acuñó la misma Selasi en un ensayo estaba en su punto más álgido entre intelectuales de distintos países de África. El término es “afropolita”, y se refiere a los africanos cosmopolitas, “ciudadanos del mundo”; a los africanos con un sentido de identidad más amplio y más complejo que aquel que se limita al territorio donde se nace y donde se crece. Selasi es de padre ghanés y madre nigeriana, nació en Londres, se crió en Massachusetts, estudió en Yale y en Oxford, y ha vivido en Berlín y Roma, entre otras ciudades. Sus raíces divididas, y los múltiples desplazamientos –es decir, su propia experiencia–, la llevaron a acuñar ese término, que sin embargo algunos critican por clasista, pues apela a una clase muy específica y reducida del continente, y por igualar lo africano a lo occidental, hasta borrar las diferencias. A pesar de que esta novela de altísima calidad literaria se inscribe dentro de esa discusión, Selasi se preocupa sobre todo por desarrollar la interioridad y las particularidades de sus personajes. Pero son los desplazamientos los que explican el conflicto y sugieren una pregunta sobre la identidad. Lejos de Ghana es la historia de la muerte de un cirujano ghanés, formado en Estados Unidos, y lo que su muerte desata en su descendencia, esparcida por el mundo. La muerte podría ser aquello que rescate a una familia rota por la distancia.

Mírame de Antonio Ungar (Anagrama - 189 páginas)

Por Pilar Chacón Preciado

Mírame es una metáfora de la inmigración y de la xenofobia que actualmente vive Europa. El escritor colombiano Antonio Ungar entrega una mirada humana de estos fenómenos políticos y sociales, y los narra, a manera de diario, a través de un francés xenófobo obsesionado con una joven inmigrante paraguaya. Él va a donde ella vaya, en una persecución que le genera ansiedad y sensaciones con las que el autor enriquece la novela con escenas minuciosamente detalladas. El protagonista, de quien nunca sabemos el nombre, es una especie de “Gran Hermano”, un hombre solitario que hace de sus obsesiones un propósito. Y es por él que conocemos la cotidianidad de una familia latinoamericana –a la que confunden con “hindúes, o árabes, o gitanos”– que llega a Francia en 2015 y de la que hace parte Irina, la dueña de su inquietud y quien le hace dudar sobre su idea radical de patria. Por eso dice: “Hay otro mundo, paralelo, en el que yo soy feliz y ella no es paraguaya”. Así, mantiene la tensión con las descripciones de los deseos del protagonista, siempre al acecho. Ungar fue ganador del Premio Herralde de Novela en 2010 y finalista en el Premio Rómulo Gallegos en 2011 con su novela Tres ataúdes blancos, y sus cuentos y crónicas han sido traducidos a siete idiomas. Con Mírame, no solo explora la angustia constante y naturalizada de los que llegan, sino también la obsesión de quienes se inquietan frente a lo ajeno y tratan de entender lo que les puede resultar extraño.

Una novela criminal de Jorge Volpi (Alfaguara - 492 páginas)

Por José Ángel Báez

Una novela criminal es, antes que nada, una gran pieza periodística; la investigación que cualquier reportero del mundo hubiese querido rastrear y escribir. Jorge Volpi, ganador del Premio Alfaguara 2018 con este libro, desentraña una historia, ocurrida en 2005, que conmovió a México, su país: Israel Vallarte y Florence Cassez son acusados de una serie de secuestros, pero son muchos los vacíos que deja el aparataje institucional a la hora de impartir justicia.El escritor, sin rodeos, declara su voluntad al comienzo de la novela: quiere hacer el trabajo que debieron ejecutar en su momento la policía y las autoridades porque, como reza el principio jurídico, todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Un libro que, por método, tema e inspiración, nos recuerda A sangre fría, de Truman Capote; La canción del verdugo, de Norman Mailer, y El adversario, de Emmanuel Carrère. Todas historias reales y tormentosas a las que sus autores les suman sus particularidades literarias. Volpi decidió romper los tiempos, darles presencia a personajes descritos con minuciosidad y utilizar un lenguaje, como él lo llama, casi policíaco (muy cinematográfico). Tras haber generado un problema diplomático entre la Francia de Nicolás Sarkozy y el México de Felipe Calderón –Florence Cassez fue liberada por la presión del mandatario galo–, Israel Vallarte aún permanece en la cárcel. El lector debe concluir si es culpable o inocente. El resultado puede ser demoledor.

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