Miles de mujeres marcharon hacia el congreso argentino, en Buenos Aires, durante la Huelga Internacional de Mujeres, el 8 de marzo de 2018. Crédito: Matias Jovet / NURPHOTO / Getty Images.

“Hay que desestabilizarlo todo”: la literatura de Sylvia Molloy

El lesbianismo en la dictadura militar, lo 'queer' como provocación constante, el patriarcado como objetivo de lucha, la pérdida como un motor de escritura. Sobre estos fundamentos, la argentina Sylvia Molloy ha construido una obra única que oscila entre la creatividad y la crítica, la ficción y la realidad. Una conversación.

2018/04/17

Por Pablo Díaz Marenghi* Buenos Aires

Este artículo forma parte de la edición 151 de ARCADIA. Haga clic aquí para leer todo el contenido de la revista.

Una cicatriz decora el dorso de la mano derecha de Sylvia Molloy (Buenos Aires, 1979). En un intento de estudiar química, la escritora y ensayista argentina, docente en la Universidad de Nueva York desde hace décadas, tuvo un fugaz paso por la Facultad de Ciencias Exactas, y allí un día una gota de bromo cayó de una probeta sobre su piel. El accidente se convirtió en un recordatorio perpetuo de su fuga hacia la literatura. “Se sacó la mejor nota, Molloy, pero usted no está contenta aquí”, le dijo el jefe de Trabajos Prácticos. Ella, siempre con un libro bajo el brazo, entendió que su lugar era otro.

Desde muy pequeña, cuando leía libros de cocina y se enamoraba de los personajes de Charles Dickens, se fascinó por la lectura. Su camino continuó fuera del país: se doctoró en Literatura Comparada en La Sorbona en 1967. En Citas de lectura (2017) cuenta esta y otras anécdotas que ayudan a entender por qué se especializó en la escritura autobiográfica. Escribió varios ensayos, entre ellos Acto de presencia: la literatura autobiográfica en Hispanoamérica (1997), dedicado exclusivamente a analizar cómo diversos escritores deciden construir los cimientos de su obra con los escombros de su propia intimidad. También publicó retazos autobiográficos en Varia imaginación (2003) y Vivir entre lenguas (2016), donde analiza, a modo de nouvelle, su propia vida tamizada por lecturas en diferentes lenguas que forjaron una identidad diversa.

Desde la ficción, escribió El común olvido (2002) y En breve cárcel (1981), siendo esta última particularmente controversial y política al incluir al lesbianismo en un contexto y tiempo atípicos: los años ochenta, durante la dictadura militar. Otro ejemplo es Desarticulaciones, en el que, con textos breves, casi a modo de diario íntimo, habla de su relación con una amiga y expareja, de edad avanzada, que sufre el mal de Alzheimer y amenaza con olvidarla. Ficción y realidad, escritura creativa y académica, puntos de vistas propios y ajenos se funden en el universo literario de esta autora.

Le puede interesar: ‘La historia oficial‘ de la dictadura argentina.

Molloy parece profundizar en el análisis de la catedrática de arte contemporáneo Estrella de Diego en su libro No soy yo: autobiografía, performance y los nuevos espectadores (2011): “No es, pues, extraño que la pasión por la autobiografía se inscriba (...) en territorios de un modo u otro asociados a la teoría de género (...) tal vez porque las mujeres no hemos tenido tradicionalmente una historia propia al carecer, desde el discurso dominante, claro, de la subjetividad que requiere el acto mismo de comenzar a narrar”. Desde sus cuentos, novelas y ensayos, Molloy invita a cuestionar lo establecido.

En diálogo con ARCADIA, a pocos días de llegar a la FILBo, Molloy habló sobre la cuestión política, que considera inevitable en su obra; sobre el desarraigo, que fue un motor para su escritura; y sobre la cuestión del género en relación con lo autobiográfico, según ella, un aspecto central para su obra en los tiempos que corren.

Le puede interesarLas fotos de Teju Cole, invitado estrella de la FILBo 2018

Un trabajo de ficción que se destaca en su obra es En breve cárcel (1981), considerado pionero en abordar la temática lésbica en la literatura argentina. ¿Cómo recuerda esta novela y cómo fue trabajar esos asuntos?

La novela nació de una casualidad. Me había ido a París por un año con una beca, supuestamente para terminar mi libro Las letras de Borges (1979). Necesitaba un lugar donde vivir, vi un aviso en el periódico y fui a ver un departamento. Cuando llegué y me abrieron la puerta, me di cuenta de que ya había estado en ese lugar, hacía mucho tiempo, y que allí había conocido a una persona de quien me enamoré perdidamente y me hizo sufrir mucho. Fue un desafío. O rechazaba vivir allí, me iba, y cerraba una puerta para siempre, o aceptaba y me entregaba a los fantasmas del pasado. Elegí lo último, como acto de reparación en más de un sentido del término, y poco a poco me di cuenta de que el libro sobre Borges debía pasar a un segundo lugar, que lo que me urgía de veras era contar aquella historia. Y así lo hice. En breve cárcel no fue fácil de publicar en la Argentina. Estábamos en plena dictadura militar y las dos editoriales que se interesaban por el libro no se atrevieron a sacarlo por la brutal censura que reinaba en la época. Pero tuve suerte. Severo Sarduy, que era muy amigo mío, se ofreció a hacer de mediador con Seix Barral y mi novela salió en España. Solo cuando terminó la dictadura pudo publicarse en la Argentina.

Esta obra puede leerse como un gesto político, de resistencia o subversivo de ciertos cánones. ¿Cómo aparece la cuestión política en su literatura?

[Ese libro] fue sin duda un gesto político en un momento en que, por más de una razón, “de eso no se hablaba”. Pero en un sentido más amplio, la cuestión política es inevitable tanto en mi escritura crítica como de ficción, dados algunos de los temas que trato: viaje, exilio, traducción, género, para citar tan solo cuatro que se entrelazan. Mi último libro de crítica, por ejemplo, publicado hace unos años, Poses de fin de siglo (2013), trabaja lo que yo llamo los “desbordes del género”, analiza cómo esos desbordes marcaron políticas culturales del siglo XX.

En varios pasajes de su obra, usted aborda una escritura confesional o autobiográfica. ¿Por qué?

Me atrae la escritura autobiográfica porque me interesa de sobremanera el modo en que el sujeto compone su personaje y las complicadas artimañas a las que recurre para convencernos de que ese “yo” que narra el relato en primera persona es, sin lugar a duda, él mismo o ella misma, y no una ficción. La autobiografía, en ese sentido, es un ejercicio de seducción en que el autor le vende al lector aquello que André Gide llamaba “su ser facticio preferido”: facticio, no ficticio, es decir fabricado por el escritor. En lo que se refiere a mi ficción, confieso que no tengo mucha imaginación. Por lo tanto, para componer mis relatos, recurro mucho a mis recuerdos, a cosas que me pasaron o que le pasaron a otro o que alguna vez leí. Compongo historias con base en fragmentos de mi pasado, en cosas que recuerdo o creo recordar que me permiten anclar el relato. Es lo que hice en En breve cárcel y en El común olvido. El caso de mis relatos más recientes es algo diferente, pues trabajo el recuerdo de manera más personal en lugar de ficcionalizarlo abiertamente. Hago el ejercicio de memoria y también de testimonio. Son como escrituras autobiográficas desviadas en tanto no buscan componer un personaje, sino más bien desarticularlo.

Le puede interesarMariana Enríquez: por una literatura irresponsable

Usted estudió en Francia, vive y enseña en Estados Unidos hace muchos años y hoy vive en Nueva York. En una entrevista ha dicho que su lugar es de alguien “que vuelve a su país y siente que pertenece y que, a la vez, no pertenece porque esencialmente el haberse ido lo pone para siempre en otra parte”. ¿Cómo se siente hoy al respecto?

El haberme ido, primero a estudiar a Francia y luego a trabajar a Estados Unidos, me “des-asentó”, por así decirlo, de manera definitiva. Una vez que te vas no podés volver del todo, pasás definitivamente a una vida “entre”: entre países, entre culturas, entre idiomas. No sos de aquí pero tampoco del todo de allá. Esto que puede parecer una pérdida ha sido para mí una ventaja: sospecho que, de no haberme ido de la Argentina y de algún modo perder asidero, no hubiera escrito. La pérdida fue motor de mi escritura, una manera de suplir lo que ya no se tiene.

Una vez usted dijo que “hay que desautoguetizarse para mostrar la utilidad del género como categoría, para romper con lecturas canónicas y desestabilizarlas”. ¿Por qué le parece importante trabajar cuestiones como el género, lo queer y el patriarcado desde la literatura?

No me acuerdo por qué usé esa palabra, “desautoguetizarse”, tan pretenciosamente fea. Pero sí estoy de acuerdo con que hay que desestabilizar las lecturas que se han vuelto canónicas, trabajar en los intersticios del texto, observarlo desde otras perspectivas. Y el género, en ese sentido, es un instrumento crítico particularmente útil que obliga a la relectura, al cuestionamiento de los binarismos y de las categorías estancas. Invita a formulaciones nuevas y a la vez recalca el carácter inestable de las construcciones críticas que se quieren autosuficientes.

Encuentre todo nuestro contenido dedicado a la FILBo 2018 aquí

* Periodista y docente. Forma parte de la revista digital ArteZeta. Es autor de Codex, música contemporánea (Maten al Mensajero Ediciones, 2016).

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación