'Las vampiras', Jess Franco. / 'Perdita Durango', Álex de la Iglesia. / 'Arrebato', Iván Zulueta. 'Las vampiras', Jess Franco. / 'Perdita Durango', Álex de la Iglesia. / 'Arrebato', Iván Zulueta.

La escuelita secreta del cine

Cuando el horror cotidiano es el género por excelencia de la realidad, el miedo y la zozobra son consumidos como sinónimos de diversión. ¿Cuál es la razón para que un cine al margen de lo industrial, por su forma artesanal y precaria, sea consumido con devoción?

2018/02/20

Por Hugo Chaparro Valderrama* Bogotá

Perdita Durango es una mujer tan tierna como la piel de un erizo. Tiene el carácter -¡y el aspecto!- de un jaguar. Su amante, Romeo Dolorosa, es la caricatura de un brujo supuestamente azteca, en todo caso inaudito, soñado por la imaginación de un cómic. El escenario del exotismo para su aventura criminal –alrededor de otras formas del exotismo, como pueden ser la leyenda oscura del narcotráfico y la hechicería como espectáculo de antropología rupestre- es un lugar predecible: la frontera entre México y Estados Unidos. En el desierto y su paisaje infinito, donde perderse es tan fácil que sirve como guarida a su jauría de coyotes, la pareja protagoniza una historia de violencia desquiciada, tan absurda que sus personajes son como fieras locas de un circo surrealista. La risa es, entonces, una respuesta posible a la agresión permanente que se revela excesiva y quiere sobresaltar al público que descubre, inundando la pantalla, el delirio y los excesos de un director que cumple con su papel de artista subversivo e incorrecto: Álex de la Iglesia.

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