Silvia Nanclares. Silvia Nanclares.

¿Quién quiere ser madre?

La primera novela de la española Silvia Nanclares narra, en tiempo real y primera persona, el día a día de una mujer que, llegada a los 40 años, decide plantearse la opción de ser madre.

2017/09/19

Por Tatiana Andrade

"Pero ¿qué hay del momento de silencio y oscuridad antes de que comience la historia, el periodo previo a la fecundación, ese momento en que has decidido, sola o con alguien, que quieres ser madre y te pones a intentarlo? ¿Cómo se llama esa fase de búsqueda? ¿Qué eres? ¿Qué identidad tomas? ¿En qué te conviertes?”. Estas son algunas de las muchas preguntas que invaden las páginas de Quién quiere ser madre la primera novela de la española Silvia Nanclares, quien narra, en una historia autobiográfica, en tiempo real y primera persona, el día a día de una mujer que, llegada a los 40 años, decide plantearse la opción de ser madre y emprender la búsqueda, impulsada por la dolorosa muerte de su padre y por el encuentro con “el hombre adecuado”, como ella lo llama, dispuesto a asumir una paternidad consentida. Aun cuando, en lo formal, el tono de la novela puede semejarse al género chick-lit, desenfadado, caricaturesco, con predominancia de un humor que juega a ser irreverente sin siempre conseguirlo, donde la presencia de las amigas, los blogs sobre maternidad y métodos varios de concepción, las cenas, los bares y las cervezas parecen aligerar las circunstancias de la protagonista, una mujer que se debate, a veces de una manera contradictoria, entre el feminismo y un anhelo tardío de formar una familia normalizada, en el fondo hay una historia subyacente que habla del silencio, del miedo, de la oscuridad que embiste a una mujer mayor cuyo anhelo de ser madre es inversamente proporcional a su capacidad biológica para lograrlo. El proceso de Silvia, la protagonista, se vuelve entonces tortuoso y reflexivo, cuando, mes a mes, siente el fracaso de la imposibilidad de un embarazo. Esa imposibilidad abre un vacío existencial que la confronta, la obliga a derribar falsos supuestos y a preguntarse si el deseo de ser madre es, en últimas, el llamado de un mandato cultural y social, o una preocupación por no querer envejecer sola, o un deseo posible de materializar siempre y cuando exista el hombre indicado.

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