Fotos: cortesía Ministerio del Interior Fotos: cortesía Ministerio del Interior

Cinco gestores culturales hablan de la memoria en el posconflicto

#ColombiaEsNegra | La cultura tiene al menos dos tareas centrales en esta etapa del país: acompañar los procesos de memoria histórica e imaginar una nueva sociedad. ¿Cómo encarar estos desafíos? Cinco gestores culturales opinan.

2018/07/24

Por William Martínez*

Este contenido surge de una alianza con Grupo para la Política Pública de Víctimas del Conflicto Armado del Ministerio del Interior y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

¿Cuál debe ser el papel de la gestión cultural en el posconflicto? Ante múltiples posibilidades de respuesta, hay una que resuena en diferentes organizaciones del país: la cultura debe ser un espejo renovador que nos permita remendar la identidad estrujada y degradada por la guerra. Si el país institucional siempre ha estado muy afanado por crear estrategias publicitarias que pretenden lavar nuestra imagen en el exterior, la cultura podría ser una de las instancias para mejorar la imagen en el interior, y desde los cimientos. Esto no es nada distinto a clavar la mirada sobre sí mismos.

Mirarnos a los ojos implica preguntarnos varias cosas: ¿cómo se debe tratar la memoria histórica? ¿Cómo podemos reconstruir el universo cultural de las comunidades que perdieron sus costumbres por la violencia? ¿Cómo se deben acompañar los procesos de resiliencia? ¿Por qué organizar eventos artísticos es una opción estéril en el posconflicto? Cinco gestores culturales que trabajan en diferentes zonas del país y en campos distintos respondieron a estas preguntas.

EL PODER DE LO SIMBÓLICO

Juan Diego Mejía

Escritor. Dirigió la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín entre 2013 y 2016.

“La crueldad y la duración del conflicto nos llevó a una neblina de cinco décadas en que dejamos de ver la riqueza cultural construida por generaciones de colombianos en el territorio. Llegamos a creer que la lucha era entre dos concepciones de mundo, y que una debía aplastar a la otra. Se nos hizo pensar que era necesario respaldar el relato dominante, y entonces ignoramos los anhelos de las comunidades. No escuchamos las voces y los cantos que nacían selva adentro o montaña arriba. A quienes formamos parte de la sociedad civil siempre nos quedará el poder de lo simbólico. Se trata, entonces, de trabajar para que en esta etapa de la vida del país haya un acceso democrático y una libre circulación de las expresiones culturales. No sabemos qué pasará en el futuro, pero nuestra responsabilidad es persistir para mostrar que Colombia es diversa y lograr que algún día también sea incluyente”.

UN NUEVO ENTORNO

Daniela Arce

Gestora cultural. Integrante de la organización Mujeres Sagradas en el Meta.

“En el departamento del Meta ha predominado una cultura machista por décadas. Aunque en los últimos años ha cambiado el panorama, estas fuerzas mandan todavía en algunos pueblos. La violencia y el machismo hacen que la paz no sea un concepto vivencial en las comunidades. En Mujeres Sagradas creemos que a través del arte, la danza, el teatro, el circo y demás expresiones del cuerpo las personas pueden percibir y crear un entorno diferente.

Insisto en la importancia de crear espacios en los que las personas se puedan divertir y, a su vez, recibir mensajes directos que las impulse al cambio. La tarea de erradicar imaginarios y estereotipos requiere de metodologías vivenciales. Si las personas hacen parte del proceso, no solo se comenzarán a construir comunidades con enfoque de paz, sino que vivirán la paz en su interior”.

POTENCIAR LA IMAGINACIÓN

Jorge Botello

Cantante de rap. Creó la Fundación 5ta con 5ta Crew en Norte de Santander.

“La guerra desfiguró la confianza en las comunidades y las hizo incapaces de trabajar en equipo por miedo a la diferencia. Los gestores debemos ayudar a reconstruir la confianza, generando espacios para aprender en comunidad. En mi fundación 5ta con 5ta Crew creamos canciones, murales, coreografías y piezas audiovisuales, todo en equipo. Así logramos que las nuevas generaciones unan esfuerzos para desarrollar sus intereses.

Los jóvenes son clave para construir paz. Por eso los espacios de participación que generemos para ellos son importantes. La expresión y la formación artística permiten explorar pensamientos y emociones, además de potenciar la imaginación. Si como sociedad ni siquiera somos capaces de imaginar un país distinto, será imposible construir uno distinto. Nada existe en la realidad sin que primero exista en la imaginación”.

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EL DEBER DE ACOMPAÑAR

Alejandra Borrero

Actriz y fundadora de Casa E, teatro y escuela de formación en Bogotá.

“La memoria es una cuestión delicada: no está escrita en piedra, sino que depende de quién recuerda. La memoria no es una, es la de cada uno. El posconflicto demuestra que cada actor recuerda de forma distinta. Por eso debemos encarar el tema con la acción sin daño. Ese es el concepto clave. También debemos construir ciudadanía, y esto nada tiene que ver con hacer eventos. Si bien el arte per se es un gozo, en el posconflicto se deben acompañar procesos.

Hemos trabajado por dos años en Victus, una obra de teatro con excombatientes y víctimas, y el proyecto existe por un proceso. La capacidad de burlarnos de nosotros mismos, la capacidad de reírnos del dolor del otro, la capacidad de ir sanando únicamente la da el tiempo. Los gestores debemos encarar estos procesos: no tenemos nada que enseñar, solo debemos acompañar y reconocer que el otro es el portador de la historia y de la cultura”.

APELAR A LAS EMOCIONES

María Ruth Mosquera

Comunicadora social. Creó Nicho Cultural, un proyecto de radio en el Caribe.

“Una pérdida de una comunidad violentada es lo que yo llamo ‘rituales sagrados’: prácticas cotidianas asociadas a las emociones y al patrimonio intangible. Me refiero a encuentros en sitios emblemáticos del pueblo, charlas en las terrazas, paseos al río, ollas comunitarias y juegos de bingo. Hablo del ejercicio del arte: pintar, cantar, bailar; de rutinas que las personas abandonan a causa del dolor y el miedo, y que significan una desconexión de las costumbres, que son las que determinan la tradición cultural.

Es como si un efecto de la violencia fuera el adormecimiento de las cosas del alma. Muchas personas se quedan estáticas; pero después logran involucrarse y surge un ejercicio liberador y resiliente. En cualquier tarea de reconstrucción del tejido cultural es indispensable apelar a actividades que toquen las emociones y despierten el sentido de la identidad con la cultura”.

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* Periodista

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