Diane Kruger, protagonista de la más reciente película de Fatih Akin.

Venganza y justicia: 'En la penumbra' de Fatih Akin

El aclamado realizador alemán de origen turco estrena una película que lleva a la ficción el amargo sabor de un fenómeno de nuestra contemporaneidad: el neonazismo.

2018/03/01

Por Janina Pérez Arias* Cannes

Fatih Akin (Hamburgo, 1973) sabe que llega tarde. Se siente aún sofocado por su carrera a contrarreloj en bicicleta. Se disculpa, consciente de la mala pasada que le jugó haber subestimado las aparentes cortas distancias de una ciudad pequeña como Cannes.

Esa misma noche, después de esta cita mañanera, Aus dem Nichts (En la penumbra) figuró en el cuadro de honor de la edición 70 del Festival de Cine de Cannes. El noveno largometraje de Akin se llevó el galardón a Mejor interpretación femenina por el papel protagónico de Diane Kruger. Meses más tarde, ganó en los Premios Globo de Oro en la categoría de Mejor película de habla no inglesa.

A lo largo de su carrera artística, el realizador alemán de padres turcos ha enfrentado con valentía ciertos temas polémicos. A Akin nunca le ha gustado ser complaciente: no lo fue cuando exploró en Gegen die Wand (Contra la pared, 2004) la rebelión de una mujer turca-alemana contra los valores morales de su familia, y tampoco al adentrarse, con The Cut (2014), en el genocidio del pueblo armenio en Turquía entre 1915 y 1917.

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En su más reciente película, Aus dem Nichts, Akin lleva a la ficción una historia con un amargo sabor a contemporaneidad. Una bomba estalla frente a la oficina de Nuri Sekerci (Numan Acar), un hombre de negocios de origen kurdo. Tanto él como su hijo mueren. Pronto se descubre que se trata de un atentado neonazi, un hecho que, de la nada, tal como denota el título en alemán, destruye la vida de Katja (Diane Kruger), esposa y madre de las víctimas. La tragedia la lleva a tomar decisiones radicales.

Aus dem Nichts le ha dado grandes satisfacciones a este productor, guionista y director establecido en Hamburgo (Alemania), pero también lo ha puesto en la mira de los neonazis. En Cannes, hablamos con él.

Usted ha dicho que durante el proceso de producción de Aus dem Nichts le preocupó el concepto de venganza. ¿Qué significa esa palabra en esta película?

No voy a negar que disfruto cuando veo filmes coreanos o estadounidenses sobre la venganza. Sin embargo, siempre he sentido que, en esas películas, las motivaciones de los personajes se dan de manera instantánea. La audiencia no necesita ver el desarrollo profundo de dichas motivaciones, que conducen a ciertas acciones. En mi película sucede lo contrario. Lo que a los coreanos les lleva un minuto narrar, a mí me ocupa más tiempo porque necesito entender si los sentimientos son reales. O mejor, si se trata de emociones reales o de fantasías. Cuando siento que son reales, me pregunto: “¿Qué necesita una persona para decidir vengarse?”. Allí entran en juego muchas otras preguntas. Por otra parte, cuando empecé a escribir esta historia y a investigar sobre el tema, me fascinó descubrir que, más que una película de venganza, esta cinta es el drama de un personaje, y también un relato de amor. Es la historia de una mujer cuya vida gira en torno a ser madre. No tiene ni siquiera una carrera profesional, y de repente le arrebatan lo único que tiene: la maternidad. ¿Qué le queda entonces? Esa pregunta es mucho más interesante que aquellas que conducen a temas como la revancha y la justicia. De manera que, me parece, esta película va más allá de la venganza.

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¿Cómo fue el proceso de escritura del guion?

Desde hace años quería abordar el tema de los neonazis, pero no tenía una noción certera de qué tipo de historia quería contar. Cuando di con el hilo del relato, todo fue bastante fluido, aunque me tomó tiempo llegar a las decisiones de los personajes. Ya con la arquitectura lista, el proceso tomó una velocidad considerable. Hasta puedo decir que esta es la película que más rápidamente he hecho.

¿Hasta qué punto simpatiza con las decisiones de Katja (Diane Kruger), su protagonista?

Me puedo identificar con las decisiones de Katja, pero está en manos del público aceptarlas o rechazarlas. Si bien ella es mi personaje, la audiencia misma toma sus decisiones. Lo que hice fue acompañarla hasta el final, independientemente de si hacía o no lo correcto. Pero, si mis hijos me hicieran esta pregunta, seguro tendría otro tipo de conversación con ellos.

Es evidente que el peso de la película recae en la interpretación de Kruger. ¿Cómo elaboraron el personaje?

Trabajamos hombro a hombro. Por lo general, suelo trabajar con los actores de manera bastante abierta. Trato de crear espacios en los que se sientan seguros y que les proporcionen la confianza necesaria para intentar cosas, para arriesgarse. Diane es una actriz muy inteligente, desde el punto de vista emocional, pero también en lo práctico. Hubo muchas escenas que deseché porque al final ella misma dijo que nadie querría ver algo así. La película, en pocas palabras, está repleta de aportes de Diane.

Después de haber hecho esta película, ¿qué sensaciones le dejan la impotencia de la justicia y el miedo ante el auge del neonazismo?

Yo me siento protegido por el sistema de justicia de mi país, pero cuando eres el blanco de los neonazis, y ellos van en serio con sus amenazas, la justicia no tiene la capacidad de protegerte. Soy un artista, ese es mi trabajo, y en mis películas reflejo el mundo que me rodea. Ante las amenazas, lo que queda es aprender a vivir con eso, aunque de ninguna manera me guste el peligro.

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¿Siente que le ha afectado el hecho de que su nombre figure en la lista negra de los neonazis?

Para ser honesto, me pareció un cumplido, porque el hecho de que se hayan molestado significa que en algo debo tener razón. He logrado inquietar a los neonazis, y en eso se ha fundamentado mi trabajo, en perturbarlos.

En Alemania están en marcha diferentes procesos judiciales contra neonazis. ¿Cree que esta película puede aportar algo?

No creo que se haya discutido lo suficiente al respecto. Y esta película en efecto debería mantener sobre la mesa la problemática. La gente olvida muchas cosas, y muy rápido. Por ejemplo, el caso del NSU (Nationalsozialistischer Untergrund), el grupo de extrema derecha que consumó diez asesinatos entre 2000 y 2007, es un gran escándalo. No hemos llegado a conocer todo lo concerniente a ese caso, por lo cual el escándalo real es incluso más dramático y más grande que lo que se conoce; mucho más de lo que yo planteo en la película. Sabemos que está involucrado hasta el servicio secreto alemán y, aunque no se sepa en qué proporción, las personas del servicio secreto implicadas no forman parte de los juicios. Eso, además, a pesar de que podrían aportar mucha información. Por eso me gustaría que con Aus dem Nichts se mantuviera vivo el debate. Estos problemas solo pueden ser resueltos con diálogos francos, y en mi película, creo yo, planteo todos los diálogos posibles.

A nivel político, ¿se están tomando las decisiones correctas?

Como dije antes, estoy de acuerdo, a gusto con el sistema judicial en Alemania. Es un claro ejemplo de nuestro nivel de democracia. Tengo mis derechos y los puedo defender. Sin embargo, sé que la justicia tiene límites. Irónicamente, nuestra democracia es tan fuerte que personas como los neonazis pueden quedar en libertad aunque un juez piense que son culpables, cosa que tiene que ver con el número de evidencias aportadas en un juicio, es decir, con la mecánica del sistema. Eso produce unos choques entre los distintos sentidos de justicia que existen en una democracia, en cada uno de nosotros. Y de eso también se trata esta película. Por un lado, está la justicia del Estado, y por el otro, la justicia emotiva o el sentimiento de justicia. A veces ambas no concuerdan. Eso puede llegar a ser muy dramático, y cuando una situación es dramática, tengo entonces una película.

La visceralidad de Gegen die Wand es difícil de olvidar. Desde entonces, ¿cuán fuerte es la lucha entre su instinto y su intelecto a la hora de hacer sus películas?

Hay que encontrar un balance. Luego entra en juego la experiencia acumulada con otras películas. No suelo ver mis filmes, y cuando lo hago, me percato de cosas que cambiaría. Para mí, mi mejor película es siempre la que he terminado de hacer recientemente, porque representa el momento que estoy viviendo. Pero así es también la vida: aprendes de tu experiencia y la usas para hacer lo que buscas en el presente.

¿Cree que su mirada política se ha agudizado?

No lo sé. Todas mis películas son de una u otra manera políticas. Aun así, no me gusta mucho el término “filme político” porque, cuando leo esa etiqueta, en realidad no me interesa para nada ver el filme en cuestión (se ríe). En mis películas trato de imprimir ciertos pensamientos, inspiraciones y motivaciones políticas, pero más como telón de fondo que como preocupación central. Eso sucedió incluso en esta cinta, porque, a pesar de que mi primer impulso fue escribir algo sobre los neonazis en Alemania para mantener viva la polémica, al final se trata mucho más sobre lo que queda de esa persona después del atentado que afectó su existencia. Si bien en este caso el punto de partida fueron los neonazis, aquel detonador podría intercambiarse perfectamente por otro ataque o grupo terrorista con otra motivación política. Lo que sí es cierto es que, cuando algo así ocurre, siempre llega a saberse más del asesino que de las víctimas. Ellas, por lo general, pasan a ser reconocidas en cifras. Como poco o nada sabemos de las víctimas, tampoco alcanzamos a conocer cómo ellas sobrellevan la pérdida.

¿Qué piensa del futuro después de mirar de frente al neonazismo?

Esta es una película cargada de rabia, porque también el escenario está cargado de esa emoción, pero yo soy muy optimista. Estamos viviendo en la época de la globalización, y yo mismo soy hijo de ella. Pienso que algún día llegará la tranquilidad, la paz, cuando estemos por fin dispuestos. Hasta entonces, yo seguiré haciendo estas películas.

* Periodista freelance.

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