Enzensberger en la universidad de Tübingen. Crédito Felix König Enzensberger en la universidad de Tübingen. Crédito Felix König

“Occidente inventó el terrorismo”

Poeta, ensayista, escritor y editor, a sus 78 años Enzensberger es uno de los más admirados intelectuales de Occidente, y su nombre comienza a sonar en la lista de los probables premios Nobel. En entrevista exclusiva con Arcadia desde Berlín, su infatigable espíritu crítico y su inteligencia se alzan como un bálsamo contra el escepticismo.

2010/03/15

Por Esther Andradi

El azul le sienta bien. Todo su atuendo es de ese color, incluso sus zapatillas deportivas. Nos hemos citado en el Instituto Cervantes, donde una hora más tarde conversará con Jorge Herralde, el director de la editorial española Anagrama, acerca de “La edición como pasión”. Informal, la mirada de este hombre guarda el destello de la curiosidad infantil, la alegría incluso, mientras la picardía acompaña sus comentarios. Es como si todo lo que fuera de este mundo le interesara con la misma pasión que debe de haber tenido a los veinte aunque ahora esté a punto de cumplir 78. ¿Otorga la sabiduría una actitud serena, segura, distante? ¿O como en Enzensberger, es la duda permanente, el repreguntar, una forma de relacionarse, vital, comprometida, creyente y decidida? Este alemán nacido en Baviera, que opinó y opina y escribió y escribe sobre los grandes hechos que sacuden y sacudieron a su país y a la humanidad, solo está seguro de su capacidad de equivocación, de su necesidad de cambiar de punto de vista, de su derecho a rectificarse. Solo los fundamentalistas no cambian. Mientras en Alemania algunos medios lo acusan de crítico desdentado, otros en cambio le dedican dossiers completos. La primera pregunta sobre la función del intelectual lo deja frío. “¿Y por qué no hablar del rol de los panaderos? ¿O de los reposteros? ¿Por qué tienen que hacer tantos congresos para hablar de sí mismos? Las grandes estupideces de los intelectuales es que tienen muchísimas respuestas falsas... Que se dediquen a trabajar en lo suyo en vez de entretenerse con ellos mismos. A diferencia de los intelectuales, los traductores son imprescindibles, son los culíes aristocráticos de la literatura. Son de oro, porque una literatura sin traducción es estéril”, dice.

Para leer este artículo completos:

Ed. 167

Este contenido hace parte de nuestra edición impresa: exclusiva para suscriptores.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en REVISTA ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 167

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.