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El país de los sin voz

El Grupo de Articulación para la Política de Víctimas del Conflicto Armado (GAPV) del Ministerio del Interior, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y Arcadia realizaron durante todo el año una serie de reportajes, crónicas y entrevistas sobre las víctimas justo cuando el país necesita, con urgencia, reconocerlas y darles un lugar en nuestra sociedad a las más de ocho millones de personas afectadas por el conflicto. Como una manera de cerrar estas entregas, publicamos, gracias a la generosidad de los poetas y la editorial Taller de Edición Rocca, esta especie de recorrido tremendo por 50 años de palabras sobre una guerra cruenta.

2017/12/12

Por Revista Arcadia

Llanura de Tuluá

Fernando Charry Lara, 1953

Al borde del camino, los dos cuerpos /

uno junto del otro,/

desde lejos parecen amarse./

Un hombre y una muchacha, delgadas /

formas cálidas /

tendidas en la hierba, devorándose. /

Estrechamente enlazando sus cinturas /

aquellos brazos jóvenes, /

se piensa: /

soñarán entregadas sus dos bocas, /

sus silencios, sus manos, sus miradas. /

Mas no hay beso, sino el viento /

sino el aire /

seco del verano sin movimiento./

Uno junto del otro están caídos, /

muertos,/

al borde del camino, los dos cuerpos. /

Debieron ser esbeltas sus dos sombras /

de languidez /

adorándose en la tarde. /

Y debieron ser terribles sus dos rostros /

frente a las /

amenazas y relámpagos. /

Son cuerpos que son piedra, que son nada, /

son cuerpos de mentira, mutilados, /

de su suerte ignorantes, de su muerte, /

y ahora, ya de cerca contemplados, /

ocasión de voraces negras aves.

Los desplazados

Héctor Rojas Herazo, 1953

Llegaban en montón duros y solos./

con harapos de sueño, /

con quijadas de vaca bramando entre sus ojos. /

Llegaban en montón y estaban solos./

La mujer con su esposo entre las uñas. /

El hombre con su madre y con sus hijos /

nadando en su saliva y en su vientre /

y el niño sin saber de sus pupilas /

entre tanto estupor desmemoriado. /

Sentían, sin mirar las azoteas, /

las múltiples ventanas, /

el ovillo de luces, /

el camino que olvida su terrón /

y se vuelve oficina y puerta seca, /

cemento, sin sabor y policía. /

Llegaban desde atrás, /

desde ellos mismos: /

de la siembra quemada, /

del monte que se hunde hoja por hoja, /

madera con estruendo, /

piedra con llaga y diente con blasfemia /

y se vuelve con rabia contra el hombre /

y le muerde la casa /

y le arranca el cabello /

y le rompe su atrás y su delante /

y le llena los dedos de preguntas, /

de furor y preguntas degolladas. /

Cada uno era un grito, /

un terrible silencio que miraba /

lleno de toro y sol crucificado. /

Cada uno estaba solo, /

solo con él, /

sin nadie entre sus huesos. /

Todo lo que fue día, siembra, abrazo, /

lecho y fatiga, lámpara y amigo, /

estaba entre sus pechos destrozado.

La Patria, de María Mercedes Carranza

Esta casa de espesas

paredes coloniales /

y un patio de azaleas muy decimonónico /

hace varios siglos que se viene abajo. /

Como si nada las personas van y vienen /

por las habitaciones en ruina, /

hacen el amor, bailan, escriben cartas. /

A menudo silban balas o es tal vez el viento /

que silba a través del techo desfondado. /

En esta casa los vivos duermen con los muertos, /

imitan sus costumbres, repiten sus gestos /

y cuando cantan, cantan sus fracasos. /

Todo es ruina en esta casa, /

están en ruina el abrazo y la música, /

el destino, cada mañana, la risa son ruina /

las lágrimas, el silencio, los sueños. /

Las ventanas muestran paisajes destruidos, /

carne y ceniza se confunden en las caras, /

en las bocas las palabras se revuelven con miedo. /

En esta casa todos estamos enterrados vivos.

En librerías: una antología preparada por Juan Manuel Roca, Rocca Ed.

Sin novedad en el frente

Piedad Bonnett, 2004

En esta misma hora /

Cecilio estaría sangrando la vaca: /

le diría quieta con su voz nocturna. /

Y Antonio, en esta misma hora, escribiría /

con su letra patoja recibido./

¿Qué haría Luis? Quizá le ayudaría /

a su hermano menor a hacer sumas y restas, /

quizá se despidiera de su madre /

pasándole la mano por el pelo. /

(Cecilio, Antonio, Luis, nombres conjeturales /

para rostros nacidos de otros rostros) /

Cecilio es negro como el faldón con flores de su madre. /

Antonio tiene acné y sufre los sábados /

cuando va a un baile y ve a una muchacha hermosa. /

Luis es largo y amable y virgen todavía. /

En esta misma hora, /

uno mira hacia el sur, donde su hermana /

ha encendido una vela. Un gallinazo /

picotea su frente. El otro /

parece que estuviera cantando, tan abierta /

tiene la boca a tan temprana hora. La misma /

en que el tercero,/

(largo y amable y virgen

todavía) /

parece que durmiera /

con una flor de sangre sobre el sexo. /

Sobre su pecho hay un escapulario. /

Todo en el monte calla. /

Ya alguien vendrá por ellos.

Una carta rumbo a Gales

Juan Manuel Roca

Me pregunta usted dulce señora /

qué veo en estos días a este lado del mar. /

Me habitan las calles de este país /

para usted desconocido, /

estas calles donde pasear es hacer un /

largo viaje por la llaga, /

donde ir a limpia luz /

es llenarse los ojos de vendas y murmullos./

Me pregunta /

qué siento en estos días a este lado del mar. /

Un alfileteo en el cuerpo, /

la luz de un frenocomio /

que llega serena a entibiar /

las más profundas heridas /

nacidas de un poblado de días incoloros. /

¿Y el sol? /

El sol, un viejo drogo que ha lamido esas heridas. /

Porque sabe usted, dulce señora, /

es este país una confusión de calles y de heridas. /

La entero a usted: /

aquí hay palmeras cantoras /

pero también hay hombres torturados. /

Aquí hay cielos absolutamente desnudos /

y mujeres encorvadas al pedal de la Singer /

que hubieran podido llegar en su loco pedaleo /

hasta Java y Burdeos, /

hasta el Nepal y su pueblito de Gales, /

donde supongo que bebía sombras su querido Dylan Thomas. /

Las mujeres de este país son capaces /

de coserle un botón al viento, /

de vestirlo de organista. /

Aquí crecen la rabia y las orquídeas por parejo, /

no sospecha usted lo que es un país /

como un viejo animal conservado /

en los más variados alcoholes, /

no sospecha usted lo que es vivir /

entre lunas de ayer, muertos y despojos. /

Yo que iba para la fiesta

Horacio Benavides

Había comprado estos zapatos blancos /

esta ropa blanca para ir a la fiesta /

y la sangre de mi hermano /

ha salpicado la manga de mi pantalón /

Y ya es muy tarde para volver al almacén /

y no tengo ropa limpia en la casa /

y cómo salta el rojo sobre el blanco /

Seguramente ya arde la fiesta /

y el alcohol corre como el agua /

Y para colmo /

la sangre de mi hermano /

ha manchado mi camisa blanca /

aquí en el pecho.

Feliz Navidad de los bárbaros

Fernando Rendón

¿Feliz Navidad amor /

con tantos muertos? /

De nuevo asolaron /

los pinares /

Llueve sobre cuerpos / desnudos /

La confusión ha asaltado la plaza /

Y aún celebrarán /

disparando al cielo /

a las doce /

¿A dónde huir / 

de esta Navidad amor /

con tantos muertos?

Héctor Fabio Díaz

Ómar Ortiz

Llevo encima el traje azul, /

la corbata naranja, /

la camisa que tanto gusta a Margarita, /

la del 301, /

los zapatos negros recién lustrados, una pinta /

de hombre, /

como dijo mi madre después del beso ritual /

de despedida. /

En la Kodak me tomaron la foto /

para la solicitud de empleo. /

Pero de pronto me empujaron a un auto, /

me pusieron dos armas en la cabeza y acabé /

tirado en una pocilga /

donde me preguntaban por gente desconocida. /

No señor, decía y me pegaban. /

Sí señor, respondía, e igual me pegaban. Duro, /

lo hacían, como si no tuviera carne, ni huesos, /

ni sangre, ni alma. /

Ya no tengo traje azul, ni corbata naranja, /

ni puedo abrazar a Margarita. /

Ahora soy una desteñida foto que mi madre /

lleva a cuestas en plazas y desfiles.

*

Esta iniciativa es un esfuerzo conjunto del Grupo de Articulación para la Política de Víctimas del Conflicto Armado (GAPV) del Ministerio del Interior y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

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