Un bailarín durante un ensayo del Ballet Nacional de Sodre en Montebvideo, que ha roto récords de asistencia en la región y ha cautivado a un público masivo en los últimos años. Foto: Pedro Ugarte / AFP. Un bailarín durante un ensayo del Ballet Nacional de Sodre en Montebvideo, que ha roto récords de asistencia en la región y ha cautivado a un público masivo en los últimos años. Foto: Pedro Ugarte / AFP.

El ballet uruguayo, itinerario de una revolución exitosa

El Ballet Nacional de Sodre (BNS) ha logrado un prestigio que poco tiene que envidiarle a las grandes compañías del mundo. Igor Yebra, un renombrado bailarín y coreógrafo español que asumió el liderazgo el año pasado, consolidó el éxito alcanzado tras la refundación de la compañía hace diez años.

2019/10/21

Por María Salas | AFP

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AFP

El ritmo es frenético en las instalaciones del Ballet Nacional Sodre (BNS), en pleno centro de Montevideo, donde unos setenta bailarines que mezclan tutús, mallas y zapatillas de punta con ropa deportiva se mueven con una creciente intensidad mientras se preparan a ejecutar pirouettes y grandes saltos.

Su director artístico, el español Igor Yebra, hace correcciones a pocos días del estreno de una de las grandes producciones del año: Onegin. Entre quienes lo siguen con atención, se encuentra la uruguaya María Noel Riccetto, quien por años fue solista del American Ballet y también fue la doble de la actriz Mila Kunis en la película El cisne negro

La compañía uruguaya ha logrado un prestigio que poco tiene que envidiarle a las grandes del mundo. Y Yebra, un renombrado bailarín y coreógrafo que asumió el liderazgo el año pasado, consolidó el éxito alcanzado tras la refundación del BNS, hace casi diez años.

El bailarín español y director artístico del BNS Igor Yebra da instrucciones a la compañía. Foto: Pedro Ugarte / AFP.

En 2018, la compañía llegó a su espectador un millón, una meta que parecía inalcanzable en 2009 cuando, en algunas ocasiones, había más bailarines sobre el escenario que gente en el público. Y en promedio, desde 2010 a 2018, el Ballet Nacional atrajo a más de 100.000 espectadores al año.

¿Cómo se gestó la mayor transformación en la historia del ballet uruguayo? La primera decisión clave fue política. "Llamaron a una persona idónea que en ese momento estaba por aquí y aceptó", dice Yebra en alusión a su predecesor, el maestro de la danza argentino Julio Bocca.

Un terremoto llamado Julio Bocca

Bocca aterrizó en el BNS en marzo de 2010 después de que el entonces presidente José Mujica le ofreciera el cargo de director artístico con el desafío de devolverle la grandeza al ballet nacional. "Yo había visto alguna función de la compañía y estaba muy mal, muy pocas funciones y nadie en el público", recuerda Bocca. El bailarín aceptó bajo rigurosas condiciones. 

Entonces no había un presupuesto estable para las producciones, sino que las ganancias se recuperaban de la venta de entradas o patrocinadores. Bocca exigió un presupuesto anual y pidió que los bailarines firmaran contratos anuales y no indefinidos como hasta ese momento, lo que le costó huelgas y duras críticas.

Con esa base, el Ballet Nacional empezó a apostar por obras contemporáneas gracias al dinero obtenido con los clásicos más populares como El cascanueces.

Se organizaron giras dentro y fuera de Uruguay y se invitó a coreógrafos, maestros y bailarines de la escena mundial.

El bailarín italiano Francesco Ventriglia (a la derecha, al fondo) conduce una práctica del BNS en Montevideo. Foto: Pedro Ugarte / AFP.

"Lo más importante es el apoyo para poder hacer los cambios. Tener una visión y decir ok, esta compañía tiene que ser la mejor del mundo", dice Bocca.

El argentino instauró una jornada laboral de ocho horas. Renovó su cuerpo de baile y aumentó las funciones, que antes solo se realizaban los fines de semana. La compañía comenzó a vibrar a un ritmo similar a las de Estados Unidos y Europa. "Esa mentalidad no se tenía acá en Sudamérica, esa forma de trabajo", dice.

Bueno, bonito y barato

El rostro de María Noel Riccetto, la estrella del ballet que en 2012 decidió volver a la compañía uruguaya, puede verse en muchos de los buses que circulan por Montevideo. Como si se tratara de un concierto de rock o una imperdible final de fútbol, Onegin, la más reciente producción del BNS, se publicitó a lo grande.

Antes de 2010, la publicidad de los espectáculos salía en el último momento, a veces apenas un día antes, y las entradas no se vendían con anticipación, una situación que cambió con el director argentino.  

El ballet nacional ha intentado además mantener precios asequibles que rondan entre los 1,6 y 25 dólares. "Ver una película los fines de semana te cuesta más caro que esto, ir a un partido de fútbol, otro tanto", comenta Yebra.

Bailarines en ensayo del BNS en Montevideo. Foto: Pedro Ugarte / AFP.

El regreso de los talentos

Sudamérica cuenta con una desventaja importante frente a otras regiones del mundo y es que no puede competir con los sueldos que ofrecen las grandes compañías. "Cuando un bailarín empieza a estar en su mejor momento llegan y te lo fichan. Para nosotros es complicado porque tienes que estar en una continua búsqueda y creación sobre la gente joven", dice Yebra. 

Consciente de esta realidad, el Ballet Nacional no pierde el tiempo en intentar retener a quienes se van y se centra en el regreso de sus talentos.

Fue el caso de Riccetto y de su compatriota Nadia Mara, primera solista del ballet de Atlanta, que fue invitada a participar en Onegin para bailar por primera vez frente a sus familiares y amigos, antes de volver a Estados Unidos. 

Bocca también prepara su regreso al Sodre en 2020, pero esta vez volverá a hacer lo que más le gusta, enseñar, sin la presión de los números.

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