Margherita Mazzucco como Lenù en la adaptación de HBO de 'La amiga estupenda'. Margherita Mazzucco como Lenù en la adaptación de HBO de 'La amiga estupenda'.

‘La amiga estupenda’: la adaptación justa de HBO

La adaptación televisiva de la novela de Elena Ferrante, que se estrenó el pasado 25 de noviembre, es un relato de formación en el que dos amigas buscan escapar de sus circunstancias en la Nápoles de los años cincuenta.

2018/12/12

Por Juan A. Umbarila

En muchas de las narrativas de formación con las que hemos crecido, esas sobre los ritos de paso en los que tradicionalmente se cuenta la historia de un niño que se hace hombre (y, en menor medida, la de una niña que se hace esposa), los personajes femeninos tienden a ser una especie de carga cuando prepubescentes y una especie de trofeo o de cuota cuando crecen. La acción recae sobre las mujeres, en lugar de pertenecerles, y su realización como personajes depende en gran medida de lo que otros, y no ellas, hacen.

La amiga estupenda, la primera de las cuatro novelas napolitanas de Elena Ferrante, adaptada por HBO como serie televisiva, es un relato de formación en el que dos amigas buscan escapar de sus circunstancias. En su historia, desde la infancia hasta la adolescencia, hay pobreza, un contexto patriarcal de violencia y la urgencia de huir (para la cual el matrimonio es una de las opciones). Pero lo que diferencia a La amiga estupenda de una larga tradición de relatos de formación es que está narrado en tono franco de desobediencia: es una lucha vital que se siente épica y revolucionaria. Aquí las protagonistas tienen agencia, y esa agencia está en batalla constante contra un destino que el contexto, la época y la pobreza parecen haber trazado para ellas.

Elena (Lenù) y Lila viven en un barrio marginal en la Nápoles de los años cincuenta. Su Italia es la de la posguerra; su contexto, de violencia y precariedad. El barrio es habitado por un puñado de familias tan pobres como las suyas dirigido por los camorristas que tienen un bar y los contrabandistas que tienen un almacén. Las dos niñas sobresalen en un contexto en que ser mujer y sobresalir es una inconveniencia: Lenù es inteligente y Lila es prodigiosa. Lenù continúa estudiando la escuela media y secundaria; Lila debe renunciar y trabajar en la zapatería de su padre. Las dos colaboran, compiten la una con la otra y echan mano de diferentes estrategias (la imaginación, el trabajo, el estudio, el amor) para resistir frente a sus circunstancias.

En los ocho episodios de la temporada, la serie encapsula lo esencial de la novela: la imaginación, el dinero, la pubertad, los quiebres de las certezas en la adolescencia, el estudio y el trabajo, el enamoramiento, las promesas del futuro y las decepciones que contienen. Es una épica camuflada en los pliegues de un cuadro de época. Y es en las esquinas insospechadas de la vida de estas mujeres donde encontramos concentradas sus emociones trascendentales: por ejemplo, cuando las dos niñas buscan sus muñecas en el sótano de un ogro o cuando escapan de su barrio en un paisaje polvoriento. También cuando la adolescente nada en un mar infinito por primera vez, cuando un grupo de jóvenes que descubre el rocanrol en la sala de una casa, cuando una mujer se levanta de la mesa en el momento en que un pretendiente indeseado visita su casa o cuando a otra le corre una lágrima por la mejilla cuando un hombre mayor la toca sin su permiso.

Porque La amiga estupenda, titulada en inglés My Brilliant Friend, no se trata únicamente sobre escapar a las circunstancias o la violencia que se ejerce sobre una niña haciéndose mujer. También es una historia sobre la amistad, sobre crecer, sobre la familia, la ciudad, el amor, la escritura, el estudio y la lucha de clases. Tal como la novela, la serie hace un esfuerzo muy consciente para proteger esta riqueza de temas y de interpretaciones posibles y, tal como la novela, tiene algunos vicios, como un inicio lento que eventualmente encuentra recompensa a través de un ritmo que se construye in crescendo.

Detrás de la producción de La amiga estupenda hay un trabajo técnico y creativo que es comprobable en el producto final. Coescrita por un equipo que incluye a Elena Ferrante y dirigida por Saverio Constanzo con una atención milimétrica al detalle, la serie construye un mundo visual que enriquece al literario. La cámara se mueve en el espacio en paneos lentos, como un observador que quiere capturarlo todo con los ojos: los colores fríos y azulados de la fotografía transmiten un extrañamiento absorbente, la construcción del set y el diseño de vestuario son tan elegantes y preciosistas que por ellos solos valdría la pena ver la serie.

Por su parte, las interpretaciones, sobre todo las interpretaciones de las protagonistas (Ludovica Nasti y Gaia Girace como Lila, y Eliza del Genio y Margherita Mazzucco como Lenù), hacen creíble y auténtico un mundo ficticio arraigado en una Nápoles real. Porque la autenticidad de esta serie no radica necesariamente en ser una representación histórica fidedigna de un tiempo y un lugar. Es auténtica no porque parezca Italia en los años cincuenta y sesenta, sino porque parece cine italiano de los cincuenta y sesenta. La cereza del pastel es que está hablada en italiano y dialecto napolitano (un experimento afortunado de HBO, pues es la primera serie de la cadena que no está hecha en inglés).

El único reproche, además de que se tome un tiempo para calentar motores al principio, es la música a cargo de Max Richter. Los pianos y violonchelos desentonan con una narración que es más sutil y compleja que el simple melodrama que pretende transmitir la música. Aunque, de vez en cuando, la primavera de Las cuatro estaciones de Vivaldi corrige el desacierto.

La amiga estupenda no es, en últimas, una adaptación melodramática. No es una historia de formación sobre mujeres pacientes, sobre víctimas de injusticias. Es más bien sobre las formas de resistencia a las injusticias, sobre cómo se empeñan y se contraponen tanto la injusticia como la rebeldía en el espacio de una vida joven. La serie no necesita ser un manifiesto feminista para transmitir sentimientos feministas, y no es una historia de denuncia ni sobre un solo tema. Es, por encima de todo, sobre crecer, sobre la vida. Para propósitos de una audiencia colombiana y su coyuntura actual, la adaptación de La amiga estupenda es justa tanto para lectores como para no lectores. Y también, si lo pensamos, puede ser necesaria.

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